En medio de la carrera por desarrollar sistemas de inteligencia artificial cada vez más avanzados, Anthropic, la empresa creadora de Claude, recurrió a una estrategia poco convencional: comprar millones de libros físicos para convertirlos en información digital y alimentar con ella sus modelos.

La operación comenzó en 2024 y permaneció en secreto hasta que un juez de distrito en Estados Unidos hizo públicos más de 4 mil páginas de documentos relacionados con una demanda por derechos de autor. Los archivos permitieron conocer cómo funcionaba el llamado Proyecto Panamá.

Anthropic, empresa desarrolladora de Claude, adquirió millones de libros para utilizarlos en el entrenamiento de sus modelos de inteligencia artificial./@pixabay

¿POR QUÉ COMPRAR MILLONES DE LIBROS?

Los modelos de inteligencia artificial necesitan enormes cantidades de información para aprender y posteriormente responder preguntas o generar contenido. Por ello, Anthropic buscó nuevas fuentes de información que pudieran mejorar el entrenamiento de Claude.

Una de las razones para recurrir a libros físicos fue que existen obras antiguas que nunca fueron digitalizadas, por lo que su contenido no estaba disponible en internet para los sistemas de IA. Especialistas consultados por La Jornada señalaron que incorporar este material podía aportar nuevos conocimientos y mejorar el aprendizaje de los modelos.

El Proyecto Panamá consistió en comprar libros físicos, separar sus páginas, escanearlas y convertir su contenido en información digital./@pixabay

ASÍ FUNCIONABA EL “PROYECTO PANAMÁ”

El proceso era tan peculiar como su objetivo. Anthropic compraba grandes cantidades de libros usados y posteriormente los enviaba para ser procesados.

Los ejemplares eran sometidos a un proceso de digitalización destructiva: máquinas cortaban los lomos para separar las páginas y después estas eran introducidas en escáneres de alta velocidad. De esta manera, el contenido podía convertirse rápidamente en datos para entrenar los modelos de inteligencia artificial.

Una vez terminado el escaneo, los libros físicos ya no podían volver a utilizarse como ejemplares completos. Los documentos indican que el material restante era enviado a empresas de reciclaje.