Cada 15 de septiembre, cuando comienzan las reuniones por el Grito de Independencia, hay un platillo que aparece casi de manera automática en muchas mesas mexicanas: el pozole. Rojo, blanco o verde, acompañado con lechuga, rábanos, cebolla, limón y tostadas, se ha convertido en uno de los protagonistas de las Fiestas Patrias, aunque su historia comenzó muchos siglos antes de que México fuera un país independiente.

El origen del pozole se remonta a la época prehispánica y está ligado al maíz, uno de los alimentos centrales de las culturas mesoamericanas. Su nombre proviene del náhuatl pozolli, relacionado con una preparación elaborada con granos de maíz nixtamalizado que, al cocerse, se abren y adquieren la forma característica que hoy conocemos.

Rojo, blanco o verde, el pozole forma parte del menú típico de las Fiestas Patrias./ Pixabay

¿Por qué el pozole terminó asociado con el 15 de septiembre?

No existe un momento histórico preciso en el que se haya decretado que el pozole debía comerse durante las celebraciones de Independencia. La costumbre se construyó con el paso del tiempo, sobre todo porque se trata de un platillo abundante, rendidor y pensado para compartirse entre varias personas, características que encajan perfectamente con las reuniones familiares y fiestas del 15 y 16 de septiembre.

A esto se suma que sus ingredientes y colores terminaron reforzando su identidad como comida mexicana. En distintas regiones existen versiones de pozole rojo, blanco y verde, una combinación que inevitablemente recuerda los colores de la Bandera de México. Aunque esa no es la razón original de su preparación, sí ayudó a convertirlo en uno de los platos más representativos de las celebraciones patrias.

La costumbre de comer pozole en septiembre se fortaleció con las reuniones familiares y las celebraciones patrias./ Pixabay

Del México prehispánico a las mesas de las Fiestas Patrias

Las versiones antiguas del pozole eran diferentes a las que se preparan actualmente. Algunas crónicas de la época colonial describen que ciertas preparaciones tenían un carácter ceremonial y estaban reservadas para ocasiones especiales. Después de la llegada de los españoles, la receta se transformó y comenzaron a incorporarse ingredientes como la carne de cerdo, que con el tiempo se volvió una de las más utilizadas.

La receta también fue cambiando dependiendo del estado. En Guerrero es famoso el pozole verde; en Jalisco y otras regiones del occidente predomina el rojo preparado con diferentes tipos de chile, mientras que en otras partes del país se mantiene el tradicional pozole blanco. Cada versión tiene sus propios ingredientes y acompañamientos, pero todas parten del mismo elemento: el maíz cacahuazintle.

Con los años, el pozole dejó de ser únicamente una receta regional y pasó a ocupar un lugar importante en celebraciones familiares, ferias y fechas especiales. Durante septiembre, restaurantes, fondas y hogares aumentan su preparación porque se ha convertido en parte del menú tradicional junto con los pambazos, tostadas, tamales, enchiladas y otros antojitos mexicanos.

Los tamales también forman parte de los platillos tradicionales que suelen acompañar las celebraciones del 15 de septiembre./ Pixabay