Ciudad de México, Oaxaca, Puebla, Morelos, Guerrero, Estado de México, Chiapas, Veracruz, Tlaxcala e Hidalgo figuran entre las entidades que podrían registrar afectaciones importantes ante un terremoto de magnitud 7 o superior. La relación considera la regionalización sísmica de México y factores como el terreno, la cantidad de población expuesta y las características de la infraestructura.

Esto no significa que los 10 estados sufrirían daños de manera simultánea ni con la misma intensidad. Las consecuencias de un movimiento telúrico cambian según su epicentro, magnitud, profundidad y duración, además de la distancia con las comunidades y la calidad de los edificios ubicados en la zona alcanzada por las ondas.

La experiencia demuestra que los mayores daños no siempre se concentran cerca del punto donde comienza el terremoto. El 19 de septiembre de 1985, un sismo de magnitud 8.1 originado frente a las costas de Michoacán golpeó severamente a la Ciudad de México, ubicada a cientos de kilómetros del epicentro.

Las características del subsuelo pueden aumentar la intensidad con la que se percibe un temblor./ Pixabay

¿Cómo se divide el peligro sísmico en México?

La regionalización empleada por la Comisión Federal de Electricidad (CFE) para el diseño de obras divide el territorio en cuatro zonas sísmicas. La zona A corresponde a lugares con menor peligro; las zonas B y C son regiones intermedias, mientras que la zona D incluye áreas donde se han presentado grandes terremotos y las aceleraciones del suelo pueden alcanzar niveles elevados.

Esta división no coincide completamente con los límites políticos del país. Un mismo estado puede contener municipios ubicados en diferentes zonas, de modo que no es correcto asignar un solo nivel de peligro a toda una entidad. La clasificación tampoco permite anticipar cuándo ocurrirá un terremoto ni calcular por adelantado la cantidad de inmuebles que resultarían afectados.

La Ciudad de México es un ejemplo de cómo las condiciones locales pueden cambiar el impacto de un sismo. Aunque se encuentra lejos de las principales zonas de subducción del Pacífico, parte de la capital fue construida sobre antiguos depósitos lacustres cuyos materiales blandos pueden amplificar las ondas y prolongar el movimiento en determinadas colonias.

Estos estados registran mayor actividad sísmica

De acuerdo con el Servicio Geológico Mexicano (SGM), las entidades con mayor sismicidad son Chiapas, Oaxaca, Guerrero, Michoacán, Colima y Jalisco. Su actividad está relacionada principalmente con las placas oceánicas de Cocos y Rivera, que se introducen por debajo de las placas Norteamericana y del Caribe frente a las costas del sur y occidente de México.

La Ciudad de México es especialmente vulnerable en las zonas construidas sobre antiguos depósitos lacustres./ Pixabay

Tener numerosos epicentros no equivale automáticamente a presentar los mayores daños. Una ciudad con menos actividad sísmica puede ser más vulnerable si concentra una población elevada, posee construcciones debilitadas o se encuentra sobre un terreno que intensifica el movimiento. El terremoto del 19 de septiembre de 2017, de magnitud 7.1 y con epicentro cerca de Axochiapan, Morelos, evidenció este riesgo al provocar afectaciones en Morelos, Puebla, Estado de México y la capital.

México forma parte del Cinturón de Fuego del Pacífico, una franja de aproximadamente 40 mil kilómetros donde se concentra alrededor del 90% de los terremotos del planeta. Ninguna autoridad puede predecir la fecha y hora del próximo gran sismo, por lo que Protección Civil recomienda elaborar un plan familiar, reconocer las zonas de menor riesgo, preparar una mochila de emergencia y participar en los simulacros.

El sismo de 1985 tuvo su epicentro frente a Michoacán y provocó graves daños en la capital del país./ Pixabay