El catenaccio se originó en Suiza, se perfeccionó en Italia y se mantiene en Paraguay. El cerrojo guaraní se hizo presente en Foxborough y con un juego rocoso y poco vistoso, terminó por echar a Alemania en los Dieciseisavos de Final de la Copa del Mundo, con un apoteósico Orlando Gill en la portería sudamericana.

El gigante de 1.95 puso de pie a todos en Paraguay, con dos atajadas impolutas en tanda de penaltis ante Kai Havertz y Nick Woltemade, el oriundo de San Lorenzo se convirtió en un nuevo mito del arco guaraní. Pese a ser criticado por José Luis Chilavert -leyenda paraguaya viviente-, el arquero de 26 años respondió cuando fue requerido.

Orlando Gill, arquero de Paraguay | AP

Los inicios de Orlando Gill

San Lorenzo forma parte de la Gran Asunción, una de las urbes más pobladas de latinoamérica. En dicha ciudad, Orlando Gill dio sus primeras actuaciones memorables bajo los tres palos en el equipo homónimo de la ciudad, ergo dio el salto al balompié argentino.

El nombre San Lorenzo ha sido su guía a lo largo de su trayectoria, pues en Argentina fichó con el equipo de Almagro. El guardameta comenzó a ser banca, aunque por muy poco tiempo, pues sus casi dos metros lo convirtieron en un gigante pocas veces visto en el balompié sudamericano.

Orlando Gill, arquero de Paraguay | AP

El Mundial 2026, su prueba máxima

Tras la goleada que sufrió Paraguay ante Estados Unidos en su debut mundialista, José Luis Chilavert criticó con todo a Gustavo Alfaro y Orlando Gill. El mito guaraní comentó que el actual arquero de San Lorenzo no tuvo un orden defensivo y no se encargó de gritarle a sus compañeros en el momento adecuado, en pocas palabras, le dijo mudo.

Sin embargo, Orlando trascendió no por sus arengas o gritos desmedidos, sino por su orden y atajadas. En los dos penaltis que atajó, Gill no dijo absolutamente nada, pero sus ojos, con una perversidad excesiva, fueron suficientes para tener nervioso a los dos tiradores teutones.  

Orlando Gill, arquero de Paraguay | AP