Dicen que las primeras veces nunca se olvidan y menos cuando las rodea una atmósfera de júbilo y esperanza. Los Raiders partían como victimarios ante unos amenazantes Saints, cuyo poderío ofensivo es capaz de asustar a los más valientes. Pero la mística que rodeó el estreno del imponente Allegiant Stadium dio una inusual vitalidad al nuevo equipo de Las Vegas, que con un Derek Carr en estado de gracia zanjó un triunfo que quedará inmortalizado en la posteridad con su nombre como el principal héroe de la película.

Poco importó que los 65 mil asientos de capacidad del nuevo recinto estuvieran vacíos como producto de la inclemente pandemia del coronavirus. Con su genuina magia, Las Vegas transformó la noche en una fiesta para recibir a sus nuevos inquilinos que vencieron 24-34 a los Saints y no defraudaron con una actuación digna de los espectaculares casinos y sus luces que invitan al juego.