Robben encuentra finalmente la gloria
EFE
Su palmarés de títulos era amplio en cuanto a competiciones domésticas, pero le faltaba la gran rúbrica, la que se le había resistido, sin ir más lejos, en el Allianz Arena el pasado año frente al Chelsea en la Final de la Liga de Campeones o en el Soccer City de Johannesburgo del Mundial 2010 ante España.
Arjen Robben por fin encontró la gloria que le había sido esquiva en momentos tan importantes y significados para su carrera.
El futbol le concedió una nueva oportunidad y en esta ocasión la aprovechó. Y eso que en la Final ante Borussia Dortmund parecía que la historia se iba a repetir. Tuvo un par de opciones clarísimas de gol y las malogró. El muro se volvía a elevar delante de su zurda.
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Para su fortuna y la de su equipo, encontró en la agonía un balón que, esta vez sí, no desaprovechó para darle la victoria a Bayern Munich (2-1) y coronarse como el artífice del quinto título continental del campeón bávaro.
Atrás quedaba la pasada Final, en la que malogró un penalti en la prórroga cometido por Didier Drogba, sobre el francés Frank Ribery, que el checo Peter Cech le detuvo. O incluso la de 2010, cuando sucumbió con los muniqueses frente al Inter de José Mourinho, con el que había triunfado en Chelsea dentro del plano doméstico.
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La pasada temporada incluso tuvo previamente otra pena máxima ante el propio Dortmund que le podía haber permitido a los suyos dar la vuelta olímpica en la Bundesliga, pero Robben también la falló.
Ese 2010 será imborrable para el zurdo holandés, porque en sus botas tuvo el título mundial. En cambio se encontró con el muro de Iker Casillas, su ex compañero en Madrid. Su falta de acierto y la agilidad del guardameta le arrebató la sonrisa y coronó a la Furia Roja con el tanto de Andrés Iniesta.
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La carrera de Robben, un jugador que prometía mucho cuando comenzó a hacerse un nombre en el Groningen y PSV Eindhoven, que encontró destellos en Chelsea e incluso en Real Madrid, parecía más marcada por los sinsabores que por los éxitos .
Las reiteradas lesiones, los problemas físicos, mermaron indudablemente el potencial de un futbolista destinado a hacer cosas muy grandes, que cayó en la irregularidad y en el desacierto en momentos clave.
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Pese a su calidad, a su gran zurda, su habilidad, no halló la continuidad necesaria en ninguna de sus dos ex escuadras, y pareció acostumbrarse a ser un trotamundos más del balompié europeo hasta que se marchó al Bayern, en el que lleva ya cuatro temporadas.
No obstante, realmente, hasta que en el minuto 89 de la Final de Wembley no acertó a batir a Roman Weidenfeller, no se puede decir que Robben encontrarse la gloria.
Su remate, suave, puso fin a lo que parecía un maleficio personal y firmó una carrera con sombras y, sin embargo, iluminada con títulos en su país natal (una Liga y una Supercopa), en Inglaterra (dos Premier, una Supercopa, dos Copas de la Liga y una Copa), en España (una Liga y una Supercopa) y en Alemania (dos Bundesligas, dos Supercopas y una Copa).
La trascendencia y la importancia de esta diana, de este triunfo, es indudablemente incalculable y sitúan a Robben al fin en lo más alto.