El ganador de la edición de 2009, que busca conquistar por segunda vez el único grande que solo ha levantado en una ocasión 12 años más tarde, sigue siendo un imán para el público francés.
Sus desplazamientos por el circuito atraen a masas de espectadores, mantenidos a distancia en esta edición por las restricciones ligadas a la covid.
Su última presencia en la central de Roland Garros fueron las semifinales de 2019, en las que fue derrotado en medio de la ventisca por Rafa Nadal, camino de su duodécima Copa de los Mosqueteros.
Federer se pasó prácticamente en blanco todo el año 2020, tras caer en las semifinales del Abierto de Australia contra el serbio Novak Djokovic. En esta ocasión, con el cartel de octavo favorito, el suizo tiene un camino incierto.
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Su potencial rival en octavos de final es el número 1 del mundo Djokovic y, de superarlo, si el ránking se respeta se tropezaría de nuevo con Nadal en semifinales.
El suizo aseguró que durante su baja por lesión apenas se aburrió porque "cuando tienes cuatro hijos siempre hay cosas que hacer", a lo que sumó su recuperación de la lesión y las restricciones de la pandemia.
"Después de tantos años viajando no está mal pasar un poco de tiempo en casa, en familia", señaló.
