A los 11 años, Santiago Homenchenko, hoy figura de Querétaro en la Liga MX, entendió que el fútbol podía ser mucho más que una pasión. En medio de una infancia con dificultades económicas y siendo parte de una familia de numerosos hermanos, le hizo una promesa a su madre: algún día viviría del fútbol para que ella dejara de preocuparse.
Cuando tenía 11 años, que salí abanderado con la bandera de Uruguay en la escuela, me acuerdo clarito de ese día. Le dije a mi mamá que yo quería hacer del fútbol. (...) Después de un día en que habíamos tenido que comer y, bueno, la infancia sufría, le dije que yo iba a jugar al fútbol y no te va a preocupar de nada. A partir de ahí, yo solo me cargué con esa presión” reveló.
Desde entonces, convirtió esa promesa en una forma de vida. Mientras otros descansaban, él entrenaba junto a su entrenador personal. En Plaza Colonia llegó a permanecer durante horas en el club esperando una oportunidad. Sabía que el fútbol era el camino para cambiar la realidad de su familia.
Pero cuando llegó al profesionalismo, la enfermedad de su madre cambió completamente el significado de su carrera. Mientras entrenaba con Peñarol, Homenchenko dormía en el hospital para poder acompañarla.
Cuando subí a Primera, por todo esto de la enfermedad de mi mamá, yo dormía en el hospital de Montevideo, en la clínica. Dormí como dos, tres meses en el piso. Entonces, yo me iba a entrenar. Estaba mal de la cabeza y estaba en la Primera de Peñarol”, reconoció.
La situación llegó a un punto límite. En medio de la presión, una lesión y el deterioro de su madre, incluso pensó en abandonar el fútbol: “A mí no me salía nada. Terminé el amistoso, me iba, me agarró el profe Pablo Placeres y me abrazó. Yo me iba a ir a dejar el fútbol, me iba a ir a mi ciudad, y fue la primera vez que quise dejar el fútbol”, agregó.
La familia terminó estando por encima de cualquier carrera. Cuando se encontraba en España con Mirandés y recibió la noticia de que su madre había sido internada de gravedad, decidió dejar el equipo y regresar inmediatamente a Uruguay.
Me llaman: ‘Mamá cayó internada’. Era enero. Y ahí me vine. (...) ‘Me voy, dejo el fútbol’, les dije. (...) Agarré la maleta, dejé toda la ropa, todo. Al otro día estaba en Uruguay y me fui a Mercedes a estar con ella”.
Incluso después, cuando llegó a Pachuca, una de sus principales motivaciones seguía siendo poder hacerse cargo de su madre. Desde que comenzó a ganar dinero como profesional había asumido esa responsabilidad.
Yo decido venir a Pachuca, más que nada porque necesitaba lo económico aún, para cualquier cosa que necesitara mamá. Porque yo a mi madre me hacía cargo de ella. Desde los 19, 20 años, que ya soy de Primera de Peñarol, ya tengo mi sueldo, era mi madre”.
Su madre falleció. Homenchenko tuvo que aprender a continuar sin aquella persona que había sido el motivo de tantos años de sacrificio. Con ayuda psicológica, poco a poco volvió a encontrar en el fútbol algo que durante mucho tiempo había perdido. Fue en esa etapa cuando apareció Querétaro. El club se convirtió en un espacio para recuperar la confianza y comenzar una nueva etapa de su vida.
Yo vengo acá con la cabeza porque mi mamá ya había fallecido y yo necesitaba un equipo que a mí me arrope, que me vaya bien. A veces hace falta bajar un poco las revoluciones, venir a lugares donde no hay tanta presión”.
Hoy, Homenchenko puede mirar atrás y ver que aquel niño cumplió su promesa. El fútbol le permitió ayudar a su familia y construir la vida que soñaba, aunque su madre ya no esté para verla.
Yo no sé de dónde saqué tanto amor propio para seguir. Pero sí, yo lo único que quería era que mi familia se sienta orgullosa de mí. Más que nada mi mamá. Yo por mi mamá. Mis hermanas, los quiero, pero mi madre, para mí, era todo” finalizó.
Y quizá esa sea la mejor manera de entender la carrera de Santiago Homenchenko: antes que los equipos, los títulos o las canchas, estuvo una promesa. La que un niño de 11 años le hizo a su madre y que dedicó toda su carrera a cumplir.
