La presión de la Copa del Mundo en casa ha alcanzado su punto más álgido para la Selección Mexicana y el Estadio Ciudad de México fue testigo.
En el cierre definitivo de la Fase de Grupos de la justa mundialista, México se marchó a los vestidores en el descanso con un amargo empate 0-0 frente a la escuadra de Chequia, provocando una reacción inmediata y hostil por parte de las tribunas: un sonoro y generalizado abucheo que retumbó en cada rincón del estadio.
A pesar de calificarse como líder del Grupo A, el parado táctico del combinado nacional lució predecible, la falta de ritmo y los serios problemas para romper el estricto muro defensivo impuesto por los europeos.
La grada exige intensidad
El silbatazo que marcó el final de la primera mitad fue la señal para que la afición mexicana descargara su frustración. Lo que comenzó como un apoyo ensordecedor a lo largo del partido se transformó en reclamos ante la apatía ofensiva mostrada en la cancha.
El rival europeo ha cumplido su libreto a la perfección, cerrando las bandas, cortando los circuitos del medio campo y apostando por el desgaste físico. México ha mantenido la posesión de la pelota, pero la circulación lenta y los centros predecibles han facilitado la tarea de los centrales checos.
Con el boleto a la ronda de los Dieciseisavos, el cuerpo técnico comandado por Javier Aguirre tiene la obligación de sacudir el banquillo y replantear el partido para el complemento. La afición ya dictó su veredicto en la pausa intermedia: a este Tri le falta intensidad y ambición si de verdad quiere mantener vivo el sueño mundialista.

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