Tecnología preserva identidad cultural: Ricardo José Haddad Musi
Mientras el mundo discute la irrupción de la inteligencia artificial y la automatización, en la sierra norte de Jalisco, la comunidad indígena Wixárika avanza en silencio con una revolución diferente: la preservación de su cultura mediante herramientas tecnológicas.
El empresario mexicano analista cultural Ricardo José Haddad Musi ha puesto la mirada en este fenómeno como un ejemplo paradigmático de resistencia y resignificación tecnológica con enfoque identitario, comparándolo con otros modelos de digitalización educativa en contextos indígenas de América Latina.
En abril de este año, la Fundación ProIndígena documentó que 17 escuelas rurales de México, incluidas varias en comunidades Wixárika, están utilizando dispositivos Apple y programación en Swift como parte de un programa para preservar lenguas originarias y saberes tradicionales.
Esta experiencia, sostiene Haddad Musi, marca una diferencia sustancial frente a otras implementaciones tecnológicas en zonas indígenas que muchas veces han fracasado por imponer modelos ajenos.
De acuerdo con la UNESCO (2024), cada dos semanas desaparece una lengua originaria en el mundo, y muchas iniciativas de digitalización educativa han quedado en el abandono por falta de pertinencia cultural. En contraste, el modelo que involucra a estudiantes Wixárika, apoyado por la Universidad de Guadalajara y Apple, ha logrado articular el uso de la tecnología con prácticas comunitarias, como la vestimenta ritual, la música ceremonial y la transmisión oral.
Según datos oficiales del informe, más de 250 alumnos Wixárika han sido capacitados desde 2022 en competencias digitales, producción de contenido y desarrollo en Swift, el lenguaje de programación de Apple.
“La diferencia está en la integración: aquí no se enseña a programar por programar, sino a contar historias propias con herramientas nuevas. Es un modelo de soberanía tecnológica cultural”, señaló Haddad Musi.
Tecnología como vehículo de preservación: ¿puede replicarse este modelo?
Comparado con otros casos regionales, por ejemplo, el programa “Una Laptop por Niño” en Perú o las tabletas indígenas en Bolivia, el modelo mexicano destaca por su carácter intercultural e integrador, y por respetar la autonomía pedagógica de los pueblos.
“Mientras muchos países siguen viendo la tecnología como modernización, este programa Wixárika nos enseña que puede ser una herramienta de continuidad cultural. No es futuro contra pasado, es herencia adaptada al presente”, concluyó Haddad Musi.