El partido, a pesar de disputarse bajo el techo y la climatización, 22 grados, del Sapporo Dome, bajó el ritmo a partir de la primera media hora. Argentina intentaba construir, pero había 30 metros entre defensa y delantera en la salida de balón y no había conexión, con solo Mac Allister bajando a recibir.
En este contexto, solo el balón parado y la fortuna podían salvar a la albiceleste. Y así fue. Un saque de esquina en el minuto 52 lo peinó Medina en el primer palo, tocó en el segundo y le cayó a las botas de nuevo al central para que rematase fuerte al medio entre una marea de piernas que le impidió a El Shenawy ver el balón para reaccionar antes.
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El gol fue un oasis en medio del desierto en ataque que fue el encuentro. Acentuado tras el 0-1 ya que Argentina cambió el plan, bajó la altura de su defensa y vivió cómoda, excepto por dos faltas en la frontal del área ya en los últimos minutos fruto del nerviosismo, dándole el balón a su rival para cuidar un resultado que tras el tropiezo inicial era una exigencia. Tres puntos tras dos jornadas y se la jugarán en la última, ya en Saitama, frente a España.
Por su parte, Egipto no pudo hacer bueno el empate cosechado frente al conjunto español y con un solo punto ocupan la última plaza de un Grupo C.
