Este africano viajaba en el 'Jascon', un remolcador de tanques en Nigeria, cuando sintió un golpe que lo aturdió y, despertó bajo el agua, sin nada a qué aferrarse aparte del salmo que le envió su esposa por mensaje: "Por tu nombre, Señor, dame vida".
Harrison Okene permaneció en una 'bolsa' de aire, a diferencia de sus 11 compañeros, quienes murieron ahogados.
Casi tres días después de pasar hambre y frío, buzos que buscaban los cadáveres de la embarcación se toparon con la mano de Harrison a quien le volvió el alma al cuerpo.
