En la tierra que acuñó la frase, se volvió más valiosa en el deporte que no es natural de estas tierras: las ofensivas ganan partidos… las defensivas, campeonatos. España lo entendió y lo aplica en esta Copa del Mundo, por eso está en la Final del 2026, con una generación multicampeona, desde olímpicos hasta la Euro, con más juego colectivo que figuras, con una solidez abajo que desarma al mejor ataque.
UNA MURALLA APRUEBA DE ESTRELLAS
Les Bleus llegaro encendidos, con un ataque de élite, histórico: Mbappé a un gol del récord histórico de Messi, Dembelé superando las cinco anotaciones, Olise, Doue y hasta Barcola impulsando. Daba miedo. Pero no a España, que sólo ha recibido un gol en toda la Copa del Mundo. ¡Uno y está en la Final! Madre mía.
Es más, Unai Simón ni siquiera está considerado entre los mejores porteros del planeta, ni siquiera era seguro que fuera titular este torneo, pero únicamente encajó una anotación este certamen.
Y los centrales, qué cosa, lo de Cubarsí y Laporte, qué pareja, con tremenda marca, y con la salida de Cucurella y Porro por las bandas. Ni en tiempos de Hierro o Sergio Ramos se palpaba tanta seguridad abajo.
YAMAL NO NECESITA ENCENDERSE …AÚN
Lamine Yamal sigue sin aparecer con anotaciones, con festejos explosivos, pero es un pistón por derecha que provocó el penalti que abrió el marcador. Es un chico de 19 años, que porta el 19 y que jugará el 19 de julio la gran Final. Es un chico que aún tiene por demostrar, pero eso no le urge a España, que tiene más frecursos para resolver arriba.
Tremendo partido de Oyarzabal, que aún no es un ‘9’ matón reconocido, pero que como ivote aguanta mucho balón y resulve cuando le dejan el penalti.
A FRANCIA LE FALTÓ LO COLECTIVO ANTE LO INDIVIDUAL
Elogiamos hasta el cansancio a su plantel. Sólo el portero Maignan no recibió reflectores, pero el resto fue aplaudido, desde la central hasta el goleador. Una plantilla de élite. Pero le faltó en Dallas el funcionamiento colectivo, aquello que le sobró a España.
El Dictador fue derrocado, El Mosquito no picó y los juveniles se arrugaron. Los nombres no supieron resolver ante un equipo mucho más compacto y solidario, no hubo un desborde matón, un disparo venenoso o una fantasía que abrieran la puerta cerrada con cerrojos de la Furia Roja.

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