Y cuatro años después, el monstruo cayó. Por primera vez desde el 2019, Roman Reigns visitó la lona y ya no pudo ponerse de pie luego de que su propia sangre lo traicionara y le propinara una derrota tan humillante que fracturó su imperio en WWE.
El 15 de diciembre de hace cuatro años, el entonces Perro Mayor se midió al otrora King Corbin, quien en su faceta de rudo dominante de SmackDown derrotó a Roman en TLC: Tables, Ladders & Chairs, en una pelea precisamente de mesas, escaleras y sillas.
Aquella caída significó un cambio para Reigns, quien al año siguiente, tras pausar por temor al Covid-19, regresó renovado, ya en el bando de los malosos.
A partir de ese momento nacio el Jefe Tribal, quien con ayuda de sus primos, Los Uso, forjó un imperio que lo tiene hoy en día como Campeón Indiscutido de la empresa y el luchador a vencer en el mundo.
Pero todo por servir se acaba y tras fricciones con Jimmy y Jey, Roman la pagó caro ayer, en la visita de WWE a Gran Bretaña para una nueva edición de Money In The Bank.
Como es esperaba, la batalla de sangre fue espectacular, con un estilo duro y con la amenaza de alguna trampa por parte de Roman, Solo Sikoa y Paul Heyman, quien sigue jugando bien su papel de apoderado del Campeón, pero que ayer ya vio que todo lo que han construido está cerca de terminar.
Los hermanos Uso se acordaron de lo que pueden hacer si las órdenes de su ahora exjefe y demostraron que siguen teniendo magia en cada uno de sus moviientos: lanzas coordinadas, patadas en armonía, llaves a ras de lona y vuelos. Todo un espectáculo familiar.
