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Opinión

Felipe Morales

Con un estilo fresco y una pluma original, Felipe Morales nos cuenta las mejores historias del futbol desde su perspectiva periodística.

Castillos en el aire

2019-02-10 | Felipe Morales
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El América estuvo pensando tanto en Nico Castillo, que dejó de pensar en sí mismo. Como quien planea una presentación en sociedad con fuegos artificiales, las Águilas colgaron globos de bienvenida en el Estadio Azteca. Se supo después que el invitado no había llegado y que la alta expectativa, a veces, se convierte en agonía.

El León despedazó los 24 partidos sin perder como local de los azulcrema. Lo hizo con un futbol desde el buen pie, que suele saber cómo es que se atacan los espacios. Y ellos lo supieron, cuando programaron el partido hacia los vacíos. 

El América corrió detrás de la pelota. Se cansó de perseguirla, como persigue un conejo una zanahoria. Nunca estuvo detrás de la línea del balón. Se lanzó al precipicio por él, sin paracaídas. Y los Esmeralda detectaron, entonces, que por ahí estarían las avenidas. 

En un disparo lejano, Marchesín atajó y dio rebote hacia la izquierda, donde Ángel Mena elevó un balón, hacia el segundo poste, rematado por la convicción de José Juan Macías, que sin dejarlo botar, le metió el empeine hacia la contundencia.

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Las Águilas fueron la postergación de la felicidad. Si en el área, la dinámica de la jugada sugería mandar el balón a Plutón y cantar el gol, Roger Martínez prefería las escalas con recortes innecesarios. 

Así se retardaban las jugadas; luego, entró Nico Castillo. Un niño en una guardería causa más peligro. No es que sea su culpa, es que no tuvo tiempo de ser aquel delantero que brilló con el enemigo. Si Nico era una aplanadora con Pumas, ayer fue aplanado, junto con su equipo...

Ya con Castillo, Ibarra, Ibargüen, Martínez y Benedetti en el campo, el América no podía ser más ofensivo. Ni menos prevenido. Y León, en consecuencia, paseó la pelota, con la brújula calibrada con el Norte del gol. Mena cerró el círculo con un remate, que picó en el pasto y se abrazó con la red. 

Rodolfo Cota hizo de sus atajadas, murallas y el León, de sus ataques, avalanchas. Así, una vez más, Mena dejó tendido en el piso a Agustín Marchesín, cuando amagó y confirmó que adagio que reza que los grandes jugadores rematan de segunda. Primero amagan el tiro y cuando ven al portero revolcado la empujan a la red. 

La humillación estuvo ahí, porque el América no estuvo ahí. El talento no se hizo soluble con el equipo y perdieron, antes de jugar el partido. Las Águilas van contra Pumas y ya se construyen Castillos en el aire...