Cruz Azul es un reality show. Los directivos mandan mensajes en los medios, en vivo. Como Garcés que trajo a Siboldi o ahora, Víctor Velázquez, contra Robert Dante, que se va como llegó: a través del debate público.
La Máquina no sólo repite sus errores en el campo, sino afuera de él. Se reinventa desde la asombrosa capacidad de autodestruirse permanentemente directiva y deportivamente.
