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Opinión

Felipe Morales

Con un estilo fresco y una pluma original, Felipe Morales nos cuenta las mejores historias del futbol desde su perspectiva periodística.

Sigue 'maraviñando'

2020-02-16 | Felipe Morales
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El gol es caprichoso: otorga concesiones y sabe de preferencias. Se le entrega a sus consentidos y tiene un lugar reservado para sus amigos. Con un doblete en su ansiado retorno con el América, Federico Viñas, confirmó que sostiene una relación afectiva con él...

Primero, Viñas sobrevivió a un jalón. Fue un abrazo mutuo con el defensor, que terminó en anotación. Mucho porque el uruguayo tenía la mirada clavada en el esférico, mientras bailaba un tango con Conti. 

Así volvió del Preolímpico el chico ‘Maraviñas’. Con el agudo timbre de la inmisericordia, que retumba en las defensas a las que aturde con tanto sonido de contundencia. 

Y así, el América volvió a ser el América desde aquella mística que trasciende al tiempo y se sitúa en el Estadio Azteca, lugar donde los puntos, otra vez, dejaron de negociarse. Porque si hace 15 días, los perdieron, ayer los apretaron en un puño con la autoridad de quien aunque no lance fuegos artificiales, en términos de plantilla, es sólido y seco en resultados, a pesar de las lesiones. Y no por ellas.

Aunque quizás sí por la excesiva intromisión del VAR, que le anuló a los Zorros un tanto que debía contar y que fue arrebatado por la severidad de la imagen, que reproducida en cámara lenta, le dio relieve al roce de un pétalo de rosa sobre Bruno Valdéz.

Esta vez ante el Atlas, que estaba en la lapidaria mira por las declaraciones de su técnico Rafael Puente, que si en los medios de comunicación no sentía presión, con su décima derrota consecutiva como entrenador, sí. 

Así lo maximizaron las Águilas con un Sebastián Córdova que tiene la percha de futbolista hasta cuando le da las llaves al valet; como Córdova tiene doble perfil y juega con las dos piernas, esta vez surcó por la derecha una y otra vez. 

Primero, puso una pelota en la madera con un fulgurante disparo; después, desbordó y entró al área con pantuflas. Igual de cómodo. Luego, alzó la cara y asistió a Viñas, que entró de puntitas al área chica para empujar a la red tanta cortesía. 

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En Santa Úrsula se coreó el nombre de su héroe precoz. “¡Olé, olé, olé, Viñas, Viñas!”, rugió el pecho inflamado del Azteca. “¡Olé, olé, olé, Viñas, Viñas!, resonó estruendosa y maravillosamente hacia el ‘Chico Maraviñas’.