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Opinión

Luis García

El Doctor une el amplio conocimiento deportivo con un estilo propio. Sus geniales comentarios que lo han hecho referente de la TV tienen también su lugar en nuestro diario.

10 años de evolución

2020-09-01 | LUIS GARCÍA
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Mientras el Cruz Azul sigue de líder sin medio raspón, el América se topó con el triunfo más por la circunstancia que por la eficacia, Pumas sigue invicto sin que nadie pueda explicar ni cómo ni por qué, y las Chivas se olvidaron que meter gol es parte intrínseca de este juego llamado futbol, yo me escapé con mi esposa, la salerosa ‘Roska Pérez' a Cancún. El motivo, celebrar nuestro décimo aniversario de casados, en el entendido que fuimos concubinos, tres años previos a la firma civil.

Nuestro viaje estaba planeado para el fin de semana anterior, pero mi padre estuvo en el hospital, lo que truncó la aventura. Soy un ente extraño, me cuesta mucho salirme de mis rutinas, prefiero lo conocido, lo mundano, en cambio, la jefa de la familia, Rocío, es todo lo contrario, es volátil, es movida, es estridente, es inquieta. Nuestras características son tan disímiles que nos brindan un buen balance, un necesario equilibrio. Ella fue quien planeó todo, a mí no me gusta ni celebrar mi cumpleaños, soy ogro, por ende, ella se encargó de la logística del viaje. Fuimos a Cancún, amo Cancún, es cosmopolita, es brutal, es ruidoso, es grandioso, lo tiene todo. Fuimos al Live Aqua Beach Cancun Resort, hotel para adultos, un descanso de nuestros hijos siempre resulta un bálsamo para la cordura.

Estuvimos cuatro días, el jueves que llegamos llovió como si hubiera que treparse al Arca de Noé, una cosa de locos. Recordamos el día de nuestra boda en Valle de Bravo que se cayó el cielo, los entendidos de la energía, hablan de abundancia, yo soy un ferviente creyente en ello, ya que nuestra unión ha sido abundante en todos los sentidos, bendito Dios.

La primera noche cenamos en un restaurante tailandés, pedimos unos tallarines espectaculares y nos tomamos unos cocteles de lichi. Nos movimos al bar, y nos topamos con una horda de 14 jóvenes con varias cubas encima que me gritaban Doctor sin parar, nos reímos y salimos por patas de ahí, so pena de ser engullidos por ese lastimado ejército.

Al otro día fuimos citados a un desayuno para que se nos informara sobre las membresías, el gancho fue que nos regalarían dos masajes, cabe mencionar que amamos los masajes, caímos, fuimos un cliché. Estuvimos dos horas, y salimos empinados con una membresía para 40 años, dada mi avanzada edad resulta evidente que la disfrutarán mis hijos. Bajamos un rato al mar, leímos, yo voy a la mitad de la obra de arte de Guillermo Arriaga ‘Salvar el fuego'. Y la ‘Roska' concluyó ‘La Bailarina de Auschwitz', de Edith Eger. Nos tomamos unos tequilas, y subimos al cuarto para cambiarnos e ir a cenar. Nos tocó en el MB, restaurante internacional en donde la sopa de habanero, que es su marca registrada, estaba para enmarcar. En el postre, Rocío empezó a poner en la mesa temas sobre nuestro matrimonio. Me gustó por donde transcurrió la charla, concluimos que nuestro amor ha evolucionado, ha madurado, no desde el sitio de la monotonía, sino que hemos ascendido algunos peldaños, y lo hemos hecho con solidez, también hablamos de nuestras malas, que hemos tenido algunas, y coincidimos que las buenas han sido por mucho más que las oscuras. Quedamos en seguir trabajando, en nunca permitir que trabajar en la relación se convierta en martirio, y cerramos chocando las copas, un nuevo contrato de diez años más de matrimonio.

Al otro día en la playa bromeamos sobre la posibilidad de otorgarnos un ‘free pass' un fin de semana. Tiramos varios nombres con quienes podríamos utilizar el permiso; obvio no diré ni pondré ninguno en este texto, y al final riéndonos declinamos la opción.

El último día decidimos pasar un rato en la alberca y nos topamos con dos fabulosos emeritenses. Pamela y Alonso, que tienen un acento que es una gozada, y con quienes estuvimos hablando no menos de cuatro horas metidos en la alberca. Nos platicaron de la historia del linaje de la gente de Mérida, de los ‘guaches', que son los foráneos y tiene que ver con el ruido que hacían cuando caminaban con huaraches en el lodo, hablamos del henequén, el famoso oro verde, nos contamos nuestras historia de vida, tomamos de su mezcal, reímos mucho, y quedamos que pronto nos veríamos en la blanca y bella Mérida para conocerla a profundidad. Cenamos en un restaurante italiano, y dormimos temprano ya que el domingo regresábamos a casa, a nuestro amado caos, a nuestros hijos, a nuestra casa, a nuestra amada normalidad.

Escribí esta columna en el vuelo de regreso, me gusta escribir en el avión, no sé por qué, pero lo disfruto, las ideas se me acomodan y me fluyen mejor, no estoy diciendo que mis escritos sean buenos, sería una mayúscula mamonería, sólo menciono que escribir en el avión se me da. Llegaremos al hogar fortalecidos, renovados, con el corazón y el alma ensanchados, hemos transitado de la mano durante diez años de matrimonio, y otros tres de unión libre, y somos conscientes que lo hemos hecho en general bien.

Esta huida, esta escapada nos hizo bien, nos reconectó, nos permitió hablar, y a la vez nos permitió estar en silencio, tan medular lo uno como lo otro. Te amo harto ‘Roska Pérez', siempre lo haré, un placer, un honor, y una canija maravilla caminar tomado de tu mano hasta el final de nuestros días, que espero no estén cerca.

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