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Opinión

Luis García

El Doctor une el amplio conocimiento deportivo con un estilo propio. Sus geniales comentarios que lo han hecho referente de la TV tienen también su lugar en nuestro diario.

Orbelín, Rodolfo e Hirving

2020-11-19 | LUIS GARCÍA
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Sé que el tridente de moda es el de Raúl, Jesús e Hirving, el cual, por cierto, funcionó de manera impecable ante Corea. Si bien, el rival asiático no fue tan complejo, jugaron prácticamente como si fueran hermanos, pero hoy quiero ahondar en otro tridente y lo haré de forma individual.

Primero tú, Orbelín, desde hace algún tiempo vienes pidiendo pista en los máximos escenarios, en tu equipo, Cruz Azul, has decidido ser el mariscal, eres el perfecto ensamble entre la parte defensiva y la parte ofensiva de tu club, en los frecuentes pasajes de duda que condicionan a tu organización, tú te has empeñado en ser el guía. Tu madurez es notable, has conseguido jugar prácticamente todos los partidos muy cercano a tu máximo nivel. Y lo más valioso de esta situación es que has logrado expandir tu dulce momento de forma a la Selección Nacional.

En el mediocampo de la cofradía mexicana los puestos están sumamente disputados, no se puede hablar de titulares indiscutidos como en otras zonas del campo. Te diste cuenta de ello
y aprovechando el buen envión en tu equipo, has levantado la mano para ser considerado medular en las alineaciones. Funcionas como un perfecto socio sin importarte quién juega a tu lado, tienes la enorme y extraña capacidad de vincularte con cualquier tipo de futbolista.

Ante Japón, en el momento más turbio del partido, fuiste el único que entendió cómo salir del atolladero, siendo lo más importante que tus compañeros se dieron cuenta de esto y te buscaban constantemente para darte la pelota. Tu progresión está sustentada y es sumamente notoria.

Voy contigo Rodolfo, históricamente en la Selección Nacional siempre se tiene o siempre se busca a algún culpable, alguien a quien cargarle todas las malas y parece que este amargo rol se te quiere endilgar a ti. Lo que me parece maravilloso de este perverso juego es tu rebeldía y a la vez tu valemadrismo ante este estigma.

No voy a obviar que en algunas ocasiones tu desempeño ha quedado corto en relación a tus mayúsculas habilidades. Así como tampoco le voy a dar la espalda a tu plausible bravura y valentía de siempre querer el balón.

Lo mismo pasó ante Japón, fuiste un necio, bien entendido el concepto, porque la pelota la pediste permanentemente. Tuviste un primer tiempo opaco, a muchos de tus cuates les pasó lo mismo; pero en el segundo tiempo todo cambió, fuiste uno de los revolucionarios que modificó la dantesca tendencia por una luminosa.

Para mí, jugaste un segundo tiempo por nota, fuiste provocador, inteligente y audaz y esto, aunado a un par o tercia de modificaciones de tu entrenador, terminaron por hacerlos dominadores absolutos del partido.

Eres insurrecto por naturaleza y ese tipo de esencia cuesta entenderla, pero estoy cierto que no hay por qué comprenderla, hay que dejarla libre, como bien te gusta estar.

Y por último tú, Hirving, hace unos cuantos días Carlos Guerrero y yo tuvimos la fortuna de charlar contigo. Nos topamos con un hombre estable, reflexivo y muy seguro de sí mismo. Charlamos sobre tu recuperación en el Nápoles, sobre tu renovada relación con Gennaro Gattuso y, sobre todo, el rol protagónico en el representativo mexicano.

Percibí a un chamaco sencillo, entiende que siempre habrá buenas, así como malas y que ambas son efímeras. Después de verte jugar ante Corea y Japón, queda más que confirmado que estás de vuelta, que esa voracidad que te caracteriza está intacta y ávida de más. Eres un ser ambicioso, desde el buen lado de la ambición, no te conformas con nada y eso es muy valioso.

Son una tercia de disímiles futbolistas mexicanos que sacudidos mi atención en la última a gira europea.

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