Tengo 26 años y llevo cinco años con mi novio. No vivimos juntos, pero prácticamente hemos crecido juntos. Empezamos a salir cuando todavía estábamos en la universidad y, durante mucho tiempo, pensé que era la relación que cualquiera quisiera tener.
Nos llevamos bien, tenemos confianza, nos apoyamos en todo y la verdad es que nunca hemos pasado por algo grave. No hay infidelidades, no hay mentiras, no hay peleas constantes. De hecho, cuando veo las relaciones de algunas amigas, pienso que la mía es bastante sana.
Por eso me siento tan confundida, porque el problema no es él. El problema es que ya no tengo ganas de tener relaciones con él. Y me da muchísima culpa admitirlo.
Antes era diferente. Me emocionaba verlo, me encantaba que me abrazara, me daban ganas de estar cerca de él todo el tiempo. Había química, deseo y una conexión que se sentía muy natural.
Ahora es muy distinto. No es que me dé asco ni que la pase mal. Simplemente ya no siento esas ganas. Cuando estamos juntos y empieza a ponerse cariñoso, muchas veces ya sé hacia dónde va la situación y, en lugar de emocionarme, empiezo a pensar en cualquier otra cosa.
A veces incluso espero que se haga tarde o que surja algún plan para evitar llegar a ese momento. él no ha cambiado. Sigue siendo atento. Sigue tratándome bonito. Sigue haciéndome sentir querida. Y yo sigo queriéndolo, pero ahí es donde empieza mi conflicto. Últimamente me pregunto si todavía estoy enamorada o si simplemente estoy cómoda. Si sigo con él porque lo amo o porque lleva cinco años siendo parte de mi vida.
Porque cuando imagino terminar la relación me pongo triste. Me duele pensar en perderlo, en no hablar con él todos los días o en dejar de compartir tantas cosas que hemos construido juntos. Pero cuando pienso en nuestra vida sexual tampoco me siento feliz. Y no sé qué significa eso, estoy muy confundida.
He leído que el deseo cambia con el tiempo, que las relaciones largas pasan por etapas y que es normal no sentir la misma intensidad que al principio. Pero también he leído historias de personas que se quedaron años por costumbre porque les daba miedo aceptar que algo ya había cambiado.
La verdad es que no sé en cuál de los dos casos estoy. Lo único que sé es que cada vez que él me busca íntimamente siento una presión enorme, porque sé que espera conectar conmigo y yo estoy tratando de entender qué me pasa.
No quiero terminar una relación bonita por algo que tal vez tenga solución.
Pero tampoco quiero seguir fingiendo que todo está perfecto cuando llevo meses haciéndome la misma pregunta: ¿Es posible seguir amando a una persona aunque la atracción sexual ya no se sienta igual?
Marilú te aconseja...
Lo primero que quisiera decirte es que la pregunta que te estás haciendo es mucho más común de lo que imaginas. Muchas personas asumen que si el deseo disminuye significa que el amor también se está acabando, pero no necesariamente es así. El deseo sexual no funciona como un interruptor que permanece encendido mientras exista amor. Es una experiencia compleja que puede verse influida por el estrés, la rutina, la forma en que nos sentimos con nosotros mismos, los cambios de vida e incluso por la manera en que la relación ha evolucionado con el tiempo.
Algo que me llama la atención de tu historia es que gran parte de tu energía parece estar puesta en averiguar si sigues enamorada, cuando quizá también sería importante preguntarte qué lugar ocupa hoy el deseo en tu vida. A veces esperamos sentir espontáneamente las mismas ganas que al inicio de la relación, sin considerar que el erotismo en los vínculos de larga duración suele requerir algo más que amor y buena convivencia. La familiaridad genera seguridad, pero el deseo también necesita espacio para la novedad, la curiosidad y el encuentro con la individualidad del otro.
Antes de tomar decisiones sobre la relación, quizá valga la pena acercarte a esta experiencia con menos culpa y más curiosidad. En lugar de preguntarte únicamente “¿qué me pasa con él?”, podrías preguntarte “¿qué está pasando conmigo, con mi cuerpo, con mi deseo y con la forma en que hoy vivo mi sexualidad?”. A veces las respuestas que buscamos sobre la pareja empiezan por una exploración honesta de nosotros mismos.
Marilú Álvarez
Marilú Álvarez es sexóloga especializada en terapia individual y de pareja. Cuenta con formación en Análisis Existencial y Logoterapia, EFT (Emotionally Focused Therapy), EMDR para reprocesamiento del trauma y Terapia Narrativa. Su enfoque terapéutico es humanista y existencial, centrado en acompañar a las personas en procesos de autoconocimiento, crecimiento personal y fortalecimiento de sus relaciones.
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