Chivas ha encontrado una fórmula para competir, generar opciones y controlar diferentes momentos de los partidos, pero mantiene una deuda que comienza a ser evidente: la falta de contundencia. En sus últimos dos encuentros, el conjunto rojiblanco dejó sensaciones distintas en cuanto al resultado, pero con una misma constante: crea oportunidades, aunque le cuesta demasiado convertirlas en goles.
A GUADALAJARA LE FALTA GOL
La derrota ante Toluca y el triunfo por la mínima diferencia frente a Juárez mostraron una realidad similar. El equipo dirigido por Gabriel Milito tiene presencia ofensiva, logra acercarse con frecuencia al área rival y encuentra espacios para hacer daño, pero falla en el momento más importante del juego: el último toque.
El propio entrenador argentino ha señalado que la falta de efectividad es uno de los principales aspectos que han limitado al equipo para obtener mejores resultados, pues considera que el funcionamiento colectivo ha mostrado avances, pero necesita mayor precisión para reflejarlo en el marcador.
“Valoro mucho la intención de atacar desde el primer minuto. Hubo riesgos en algunas transiciones, pero en líneas generales lo hicimos bien. El dominio fue claro, con la voluntad de ganarlo de principio a fin, y el resultado es justo. De haber tenido mayor contundencia, el resultado hubiera sido distinto”, explicó Milito.
Frente a Juárez, Chivas volvió a demostrar capacidad para generar peligro. El Rebaño controló gran parte del encuentro, tuvo llegadas importantes, remates que terminaron en el poste y presencia constante cerca del área rival. Sin embargo, la anotación llegó hasta los minutos finales, evidenciando una situación que comienza a repetirse: el equipo necesita fabricar demasiadas ocasiones para encontrar un gol.
CHIVAS Y SU PROBLEMA EN LA DEFINICIÓN
El principal problema no parece estar en la idea futbolística ni en la construcción de las jugadas, sino en la ejecución. Chivas ha fallado en detalles determinantes como la elección del último pase, la calma frente al portero y la precisión al momento de definir. En partidos cerrados, esos pequeños errores terminan marcando la diferencia entre sumar tres puntos o quedarse con una sensación de frustración.
A esto se añade un factor mental. Conforme avanzan los minutos sin encontrar el gol, el equipo comienza a jugar con mayor presión, lo que provoca decisiones apresuradas y menor claridad en los metros finales. La ansiedad por abrir el marcador termina afectando la efectividad de un ataque que, por momentos, ha mostrado buenos argumentos.
El Rebaño genera, propone y busca el arco rival, pero todavía necesita convertir ese dominio en resultados más contundentes. Para Gabriel Milito, el reto no parece estar en cambiar la identidad del equipo, sino en perfeccionar la última parte del proceso: mejorar la toma de decisiones, aumentar la precisión y recuperar la confianza frente al gol

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