Conor McGregor volvió a quedar tendido sobre el octágono en la pelea estelar de UFC 329, pero esta vez no fue un nocaut ni una sumisión, sino una lesión que, aparentemente, comprometería los ligamentos de su pierna derecha y que podría mantenerlo entre seis y ocho meses fuera de acción.
Aunque UFC aún no ha confirmado el diagnóstico oficial ni el mismo peleador, el panorama no luce alentador. Y más allá del tiempo de recuperación, la verdadera pregunta es otra: ¿vale la pena que McGregor vuelva a pelear?
El retiro parece ser el desenlace más lógico
La respuesta, por dura que parezca, apunta al retiro. El irlandés tiene 37 años, acumula tres derrotas consecutivas y ha perdido cuatro de sus últimas cinco presentaciones, números que contrastan por completo con el peleador que revolucionó las artes marciales mixtas hace apenas una década.
Pero el problema va mucho más allá del récord. Su cuerpo ha enviado señales claras de desgaste. Los cinco años que pasó lejos del máximo nivel competitivo terminaron por pasarle factura y el físico que alguna vez intimidó a toda la UFC ya no responde de la misma manera.
McGregor todavía tiene una pelea pendiente por contrato con la empresa, aunque cumplirla no necesariamente significa que deba iniciar un nuevo intento por volver a la cima. La realidad deportiva indica que ese tren parece haber partido hace tiempo.
Un último combate... solo para despedirse
Si es necesario cumplir con ese compromiso o el mismo McGregor desea terminarlo oficialmente, tendría que hacerlo con un significado especial. No una pelea para aspirar al título, sino un adiós digno frente a un rival que forme parte de su legado.
Ese nombre podría ser Max Holloway. El hawaiano ya manifestó públicamente su deseo de completar una trilogía con McGregor apenas terminó su combate de este sábado en Las Vegas, una rivalidad que comenzó hace más de una década y que hoy tendría un valor mucho más sentimental que competitivo.
Conor McGregor ya no tiene nada que demostrar dentro de una jaula. Fue campeón en dos divisiones, cambió la historia del negocio de la UFC y llevó el deporte a una dimensión comercial nunca antes vista. Quizá la última gran decisión de su carrera no sea volver a pelear, sino saber cuándo decir adiós.

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