Si algo nos tiene enamorados del futbol femenil en México es la garra que las jugadoras le ponen a cada minuto que están en la cancha. Lo que vivimos en la Final de los Juegos Centroamericanos y del Caribe 2026 fue de esos momentos que te hacen saltar del sillón y aplaudirle a la televisión. Llegar a pelear por una medalla de oro ya es un logro gigante, pero la forma en que la Selección Nacional de México Femenil Sub-23 le ganó a Colombia nos deja claro que este equipo tiene un corazón que no le cabe en el pecho.

Fue un partido cerradísimo, de esos donde nadie quiere cometer un error. Después de un empate sin goles en el tiempo regular, todo se tuvo que definir en los tiempos extras. Y ahí fue donde empezó el verdadero drama. Al minuto 118, cuando las piernas ya no dan y el cansancio es brutal, la colombiana Ingrid Guerra encontró un espacio y anotó un gol que parecía liquidar todo. Faltaban literalmente dos minutos para que se acabara el partido.

Para entender el tamaño de lo que lograron nuestras jugadoras, hay que ver los números. En el futbol internacional, las estadísticas marcan que cuando un equipo recibe un gol en los últimos tres minutos del tiempo extra, sus probabilidades de empatar caen a menos del 5%. Básicamente, es una condena. El golpe anímico es tan fuerte que casi nadie se levanta.

Pero a este grupo de mexicanas no le importaron las matemáticas. No bajaron los brazos, no se tiraron al pasto a lamentarse; acomodaron el balón y se fueron con todo al frente. Y la recompensa a no dejar de creer llegó al 120+3’, cuando Ana Mendoza mandó el gol del empate que nos devolvió el alma al cuerpo y forzó los penales.

Llegar a la tanda de penales después de haber empatado en el último suspiro te da una ventaja gigante en el tema mental. Las nuestras cobraron con una seguridad tremenda y terminaron llevándose la serie 4-2. Verlas después del partido, abrazadas, riendo y presumiendo la medalla de oro, es un recordatorio de que el talento joven de nuestro país está levantando la mano con mucha fuerza.

Festejar este oro en redes sociales y decir que son un orgullo para México es muy sencillo, pero el verdadero trabajo de pantalón largo empieza hoy. La Federación tiene que arropar a esta categoría Sub-23 porque son el futuro inmediato de nuestra Selección Nacional de México Femenil; son las que nos van a representar en los próximos Mundiales. Estas jugadoras ya nos comprobaron de qué están hechas; ahora les toca a las autoridades darles continuidad, partidos amistosos contra potencias y la certeza de que su esfuerzo vale la pena. Ya nos hicieron gritar de alegría y nos demostraron que saben ganar finales; ahora nos toca a nosotros, como ecosistema deportivo, cuidarlas y no dejarlas en el olvido.

¡Abramos cancha!