Para las mujeres que se dedican al deporte de alto rendimiento, el reloj biológico siempre ha jugado en contra. Mientras un futbolista a punto de llegar a los treinta años está firmando el contrato más jugoso de su vida y alcanzando su máxima madurez en la cancha, una jugadora de la misma edad suele toparse con la bronca de tener que elegir.
Durante décadas, el sistema las obligó a decidir entre aprovechar sus mejores años competitivos o ponerle freno de mano a su carrera para convertirse en madres. La falta de opciones médicas y el miedo a perder su lugar en el equipo provocaban que el tema de la maternidad se fuera pateando para después, muchas veces hasta que ya era demasiado tarde.
Afortunadamente, desde el otro lado del charco nos acaba de llegar una noticia que cambia por completo este escenario. La Real Federación Española de Futbol firmó un acuerdo histórico con una clínica especializada para cubrir económicamente los tratamientos de congelación de óvulos de sus seleccionadas.
No estamos hablando del clásico descuento de un patrocinador nada más para salir bien en la foto. Es una política real, nacida del diálogo directo con las capitanas, que tiene un objetivo clarísimo: garantizar que la etapa de mayor nivel deportivo no obligue a ninguna atleta a renunciar a su derecho de planificar una familia a su ritmo y sin presiones de tiempo.
Traer esta plática a nuestro país es más que urgente. En México hemos dado pasos importantes hace poco en materia de derechos laborales, asegurando licencias de maternidad y buscando proteger los contratos en la Liga Femenil BBVA. Incluso, ya hemos visto historias exitosas que nos llenan de orgullo, como el caso de Stephany Mayor y su esposa Bianca Sierra, quienes lograron formar su familia con la llegada de sus gemelos mientras ambas representan a Tigres y a la Selección Nacional.
Sin embargo, aunque aplaudimos estos pasos, en el fondo seguimos atorados en un modelo muy cuadrado que reacciona únicamente cuando el embarazo ya es un hecho. Nos falta dar el salto a la prevención. Ofrecer opciones reales para preservar la fertilidad significa quitarles una losa pesadísima de los hombros a nuestras futbolistas, dándoles la tranquilidad total de que su futuro personal está respaldado por la institución que defienden.
El dato para la sobremesa: Para entender la verdadera empatía de este acuerdo en España, hay que destacar que el beneficio no es exclusivo para las grandes estrellas de la selección mayor que juegan en pasto. La iniciativa abarca también a las seleccionadas de futbol sala y a las árbitras de primera división, garantizando además cinco años de mantenimiento gratuito para los óvulos congelados. Un proyecto que de verdad entiende y protege a todo el ecosistema del balompié femenil.
Ya es hora de que los directivos de nuestro futbol dejen de ver la salud reproductiva como un problema de recursos humanos o un tema incómodo que se salta en las juntas de dueños. Invertir en planes de fertilidad y acompañamiento es la mejor forma de demostrar que de verdad valoran a la mujer que suda la camiseta cada fin de semana.
Nuestras atletas merecen tener la libertad absoluta de decidir sobre su cuerpo y su vida personal sin sentir que le están metiendo el pie a su propia carrera deportiva. Las campeonas del mundo ya subieron la vara sobre cómo cuidar a una jugadora, y ahora nos toca demostrar que en México también podemos estar a ese nivel.
¡Abramos cancha!

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