En la lucha libre hablamos mucho de experiencia. De los años recorridos, de las arenas, de los campeonatos y de las rivalidades que dejaron una marca. Todo eso importa. Nuestra historia explica muchas de las decisiones que tomamos y también ayuda a entender por qué llegamos hasta donde estamos. Pero con el tiempo he aprendido algo que considero todavía más importante. La experiencia pierde parte de su valor cuando solamente sirve para mirar hacia atrás.
He tenido la oportunidad de vivir diferentes momentos dentro del wrestling. He visto cambiar a las empresas, a las audiencias y, particularmente, a las divisiones femeniles. Hoy existen más estilos, más nacionalidades, más oportunidades y también una competencia mucho mayor. Lo que funcionaba hace algunos años no necesariamente funciona de la misma manera hoy. Y eso, lejos de incomodarme, me parece una de las cosas más interesantes de esta profesión.
Cuando llevas tiempo dentro de una industria existe una tentación natural de comparar. Antes las cosas se hacían de determinada manera. Antes una rivalidad tenía otro ritmo. Antes llegar a determinado escenario significaba algo distinto. Podemos pasar mucho tiempo hablando de ese "antes", pero el público que está frente a nosotros vive en el presente. Las luchadoras que están llegando también viven en el presente. Y nuestra responsabilidad es competir ahí.
Para mí, mantenerse vigente nunca ha significado intentar conservar exactamente la misma versión de Thunder Rosa. Significa reconocer qué cosas siguen siendo parte de mi identidad y cuáles necesitan evolucionar. Hay valores que no cambian, como la disciplina, la preparación, el respeto por esta profesión y la responsabilidad que representa subir a un ring. Pero la manera de competir, comunicar y relacionarnos con una industria que cambia constantemente también necesita moverse.
Eso implica aceptar algo que no siempre resulta sencillo. La experiencia no nos da derecho a ocupar un lugar. Nos da herramientas para seguir ganándonos ese lugar. Cuando aparecen nuevas luchadoras, estilos diferentes y formas distintas de contar historias, no creo que la respuesta deba ser proteger lo que alguna vez construimos. Al contrario. Cada cambio nos obliga a preguntarnos si todavía somos capaces de responder al nivel que exige el momento. Para una competidora, esa pregunta puede ser incómoda, pero también puede ser una enorme fuente de motivación.
Una división femenil más profunda y competitiva también exige más de quienes llevamos años dentro de ella. No podemos pedir crecimiento y después resistirnos cuando ese crecimiento cambia las condiciones de competencia. Si queremos que existan más oportunidades para las mujeres, también debemos aceptar que esas oportunidades producirán nuevas protagonistas, nuevas historias y nuevos estándares.
Ahí encuentro el verdadero valor de la experiencia. No en utilizar el pasado para reclamar autoridad, sino en utilizar todo lo aprendido para entender mejor el presente.
Estoy orgullosa de muchas cosas que he vivido dentro de esta profesión. Hay momentos que siempre formarán parte de mi carrera y que nadie puede quitarme. Pero tampoco quiero que mi historia termine convirtiéndose en el lugar al que tenga que regresar para explicar quién soy.
El pasado puede explicar de dónde vengo. Lo que hago ahora tiene que demostrar hacia dónde voy.
Porque en el wrestling, como en muchas otras partes de la vida, seguir vigente también significa estar dispuesto a cambiar.

&format=webp)
&format=webp)
&format=webp)