Contrario a la tendencia mundial, Ralf Rangnick, entrenador de Austria, reconoce que sí le gustan las pausas de hidratación a la mitad de cada tiempo en el Mundial, incluso recomienda utilizarlas en otras competencias.
“No estoy en contra de las pausas de hidratación, al contrario, incluso en un estadio con aire acondicionado como hoy nos sirve a los entrenadores para hacer ajustes”, señaló el técnico tras perder con Argentina.
A pesar de los 35 grados centígrados en Austin, Texas, cerca de Dallas, el estadio de los Cowboys se mantenía climatizado sin que el calor pesara. “Esta pausa deberíamos incluso de ocuparlas en el futbol europeo”, agregó Rangnick.
La hidratación, una medida que divide opiniones
Las pausas de hidratación fueron incorporadas por la FIFA para proteger la salud de los jugadores cuando las condiciones climáticas representan un riesgo, especialmente en escenarios con altas temperaturas o elevados niveles de humedad.
Durante estos breves recesos, los futbolistas pueden recuperar líquidos, recibir indicaciones médicas y reducir el impacto físico provocado por el calor.
Sin embargo, también se han convertido en una herramienta estratégica para los cuerpos técnicos, que aprovechan esos minutos para corregir movimientos, ajustar planteamientos tácticos o modificar aspectos puntuales del juego.
A pesar de sus beneficios, la medida no ha estado exenta de críticas. Algunos entrenadores, jugadores y aficionados consideran que las pausas rompen el ritmo natural de los partidos y pueden alterar la dinámica competitiva, especialmente cuando un equipo atraviesa un momento favorable.
Mientras algunos las ven como una necesidad inevitable, voces como la de Rangnick incluso plantean que podrían convertirse en una práctica habitual más allá de las competiciones organizadas bajo condiciones climáticas exigentes.

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