La globalización y el futbol van de la mano. Cada vez es más común ver a jugadores de naciones "exóticas" en los clubes más grandes del mundo. Sin embargo, la mundialización también ha dejado su huella en las Selecciones Nacionales, pues lo que antes era imposible -ver a un jugador nacido en otro país representar a otra nación-, ahora es sumamente normal.
Bajo ese contexto, Marruecos volvió a jugar una Copa del Mundo tras su increíble e histórica participación en 2026. Ante Brasil, la selección histórica por excelencia, los Leones del Atlas marcaron un nuevo hito en un Mundial: 10 jugadores no nacidos en dicho territorio fueron titulares.
Mohamed Ouahbi alineó a sus elegidos en Nueva Jersey con una sola intención: hacer historia. La mayoría de los futbolistas son hijos de migrantes marroquíes que partieron de su país natal en busca de una mejor calidad de vida.
¿Dónde nacieron los jugadores de Marruecos?
Los 11 elegidos que saltaron a la cancha cuentan con múltiples nacionalidades, siendo Azzedine Ounahi el único nacido en Marruecos. El jugador del Girona nació en Casablanca en el año 2000, siendo uno de los siete jugadores convocados para el equipo del Mediterráneo.
La diáspora es el gran poder del conjunto marroquí, y ante Brasil quedó demostrado. Los jugadores que no nacieron en su lugar de origen son: Bono, Mazraoui, Diop, Riad, Hakimi, El Aynaoui, Bouaddi, El Khabbous, El Mourabet y Saibari.
Bono nació en Montreal, Canadá; Riad, Hakimi y Saibairi nacieron en España; Diop, El Aynaoui, Bouaddi y El Mourabet son franceses de nacimiento; El Khabbous nació en Bélgica; por último, Mazraoui nació en Bélgica.
El empate marroquí con sabor internacional
Todos los jugadores hablan árabe, sienten sus tradiciones y respetan sus dogmas. Todos son hijos de padres marroquíes y, aunque varios tuvieron la elección de jugar con los países de su lugar de nacimiento, decidieron honrar a sus antepasados.
Con todo ese talento sobre la cancha, Marruecos empató a Brasil y demostró que lo que ocurrió en Qatar no fue una casualidad. El trabajo de los Leones del Atlas ha sido constante; ya no es un caballo negro, es una realidad.

&format=webp)
&format=webp)
&format=webp)