Cada vez más estudiantes recurren a la inteligencia artificial no sólo para resolver dudas académicas, sino también para buscar orientación sobre situaciones relacionadas con su bienestar emocional.
De acuerdo con datos de la Secretaría de Educación Pública (SEP), cinco de cada 10 universitarios utilizan estas herramientas para pedir consejos sobre ansiedad, estrés y depresión.
Pero los universitarios no son los únicos que recurren a esta tecnología, pues seis de cada 10 docentes también han utilizado la IA con fines relacionados con su salud emocional.
Los datos muestran así un creciente uso de estas herramientas como una alternativa para expresar preocupaciones y buscar respuestas inmediatas.
Entre quienes utilizan la IA con fines emocionales, 61% son mujeres, 35% hombres y 4% corresponde a otros géneros. Además, 88% de los estudiantes consultados señaló que recurrir a estas herramientas les resultó de ayuda.
Sin embargo, que los usuarios consideren útil la herramienta no significa que pueda reemplazar una terapia, advirtió Perla Leal, académica del Departamento de Psicología de la Universidad Iberoamericana CDMX.
La especialista explicó que un proceso sicoterapéutico requiere mucho más que recibir consejos de una herramienta digital.
Desde la perspectiva de la especialista, la terapia implica trabajar directamente con un profesional para resignificar experiencias y desarrollar herramientas que permitan afrontar distintas situaciones. Por ello, señaló que la inteligencia artificial no debe considerarse un sustituto de la atención psicológica.
No obstante, la inteligencia artificial sí puede tener algunos usos positivos, particularmente para obtener información y acceder a contenidos de sicoeducación.
El problema surge cuando estas herramientas comienzan a utilizarse como una especie de “doctor corazón”, debido a los riesgos que puede implicar recibir orientación emocional sin supervisión profesional.
Uno de los riesgos señalados por la académica es que los sistemas de inteligencia artificial tienden a responder de manera condescendiente con el usuario, lo que podría reforzar determinadas percepciones o decisiones en lugar de ofrecer el acompañamiento especializado que requiere una situación emocional compleja.
El crecimiento de estas prácticas plantea así un nuevo desafío para las instituciones educativas, que deben considerar la manera en que estudiantes y profesores utilizan la inteligencia artificial, especialmente cuando recurren a ella para abordar temas relacionados con su bienestar emocional.
Los datos de la SEP muestran que esta tecnología ya forma parte de las herramientas a las que acuden tanto universitarios como docentes.

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