Tengo 42 años, llevo 15 años casado y soy padre de dos hijos.
Nunca pensé que terminaría escribiendo algo así porque siempre he sido una persona reservada. De hecho, si alguien me preguntara cómo es mi matrimonio desde afuera, probablemente diría que tengo una vida bastante buena.
Tengo un trabajo estable, no le falta nada a mi familia, no salgo de fiesta, no soy un alcohólico, soy un padre presente, nunca le he sido infiel a mi esposa...
Y, sin embargo, cada día me siento más solo dentro de mi propio matrimonio.
Lo que me duele no es una pelea ni una traición.
Es sentir que la mujer que amo ya no quiere estar cerca de mí.
Mi esposa y yo siempre tuvimos una relación muy cariñosa. No éramos la pareja perfecta, pero nos buscábamos, nos abrazábamos, nos tomábamos de la mano y disfrutábamos estar juntos.
Con los años entendí que las cosas cambian.
Llegaron los hijos, las responsabilidades, las cuentas, el cansancio, incluso la edad.
Y acepté que la pasión no sería igual que cuando teníamos veinte años.
Pero lo que está pasando ahora se siente diferente.
Ya no es solo que nuestra vida íntima haya disminuido, parece haber desaparecido por completo.
Si intento abrazarla, muchas veces se aparta porque está ocupada.
Si intento besarla, suele ser un beso rápido antes de seguir haciendo otra cosa.
Si sugiero salir solos, casi siempre encuentra una razón para posponerlo.
Y cuando intento acercarme de forma más romántica, normalmente termino sintiéndome rechazado.
He pensado que puede ser solo una etapa, o que está estresada, incluso lo relacioné con problemas hormonales o algo relacionado con su salud.
Pero los meses se convirtieron en años.
Y nada cambió.
Lo que más me confunde es que ella insiste en que me ama, nunca ha mencionado el divorcio o insinuado separarnos.
Seguimos funcionando como equipo.
Hablamos de los niños, de la casa, del trabajo, de las vaciones en familia, etc.
Pero cuando se trata de nosotros dos, parece que ya no existe interés.
Hace unos meses decidí preguntarle directamente si seguía sintiendo atracción por mí.
Recuerdo perfectamente su silencio. Tardó varios segundos en responder.
Finalmente dijo que sí, pero que simplemente ya no pensaba tanto en esas cosas. No sé por qué, pero esa respuesta me dejó peor que antes. Porque no parecía una respuesta sincera. Parecía una respuesta diseñada para no herirme. Desde entonces no he podido dejar de hacerme preguntas.
¿Será que ya no le gusto físicamente?
¿Será que me ve más como un compañero de casa que como un esposo?
¿Será que hay alguien más?
¿O simplemente dejó de desearme hace mucho tiempo y nunca encontró la forma de decirlo?
Lo peor es que he empezado a obsesionarme con detalles que antes no me importaban. Me miro al espejo y veo las canas. La barriga que apareció con los años. Las arrugas. Me comparo con hombres más jóvenes. Me pregunto si todavía soy atractivo. Y me avergüenza admitirlo porque nunca había sido una persona insegura.
Hace unas semanas ocurrió algo que me rompió por dentro.
Estábamos viendo una película en la sala cuando ella apoyó la cabeza en mi hombro. Fue un gesto pequeño. Probablemente insignificante para cualquiera.Pero me di cuenta de que llevaba tanto tiempo sintiéndome rechazado que ese simple contacto me hizo sentir feliz durante días.
Y entonces entendí algo. No extraño solamente el sexo. Extraño sentirme deseado.
Extraño sentir que mi esposa me mira y sigue viendo al hombre del que se enamoró. Extraño sentir que todavía existe una conexión entre nosotros más allá de ser padres y administrar una casa.
Por eso decidí escribir.
¿Es normal que una relación llegue a este punto después de tantos años?
¿Puede existir amor sin deseo?
¿Estoy siendo egoísta por necesitar más afecto y cercanía emocional?
¿Hay una diferencia entre amar a alguien y seguir sintiendo atracción por esa persona?
¿Cómo puedo hablar de esto sin que ella sienta que la estoy culpando?
¿Es posible recuperar una conexión que parece haberse apagado con el tiempo?
Marilú te aconseja...
¿Puede existir amor sin deseo? Sí. Y muchas relaciones largas llegan exactamente a ese punto: siguen funcionando como equipo, familia o compañeros de vida, pero la conexión erótica y afectiva empieza a apagarse lentamente. Lo que extrañas no es solamente sexo; extrañas sentirte deseado, importante y emocionalmente visto por la mujer que amas.
La buena noticia es que eso no siempre significa que el amor terminó. A veces el deseo queda enterrado debajo de la rutina, el cansancio, los resentimientos o la desconexión emocional acumulada durante años. Pero para reconstruir intimidad, necesitan dejar de funcionar únicamente como administradores de una casa y volver a encontrarse como pareja.
Marilú Álvarez
Marilú Álvarez es sexóloga especializada en terapia individual y de pareja. Cuenta con formación en Análisis Existencial y Logoterapia, EFT (Emotionally Focused Therapy), EMDR para reprocesamiento del trauma y Terapia Narrativa. Su enfoque terapéutico es humanista y existencial, centrado en acompañar a las personas en procesos de autoconocimiento, crecimiento personal y fortalecimiento de sus relaciones.
marilu@terapiaconsentido.com
Instagram: @marilu_psicoterapeuta
Tiktok: @marilupsicoterapeuta

&format=webp)
&format=webp)