Nunca me había considerado una persona cerrada de mente. Al contrario. Desde que empecé mi relación con mi novio siempre hemos hablado con confianza sobre lo que nos gusta, lo que nos incomoda y las cosas nuevas que quisiéramos experimentar como pareja. Pensé que esa comunicación era una de nuestras mayores fortalezas y, hasta hace unas semanas, jamás había sentido miedo de que una conversación pudiera cambiar la forma en la que lo veía.
Llevamos poco más de tres años juntos y, sinceramente, imaginaba que ya conocía casi todas sus facetas. Es atento, cariñoso y nunca había hecho algo que me hiciera sentir insegura. Por eso me sorprendió que, una noche, mientras estábamos abrazados después de cenar, me confesara que llevaba meses queriéndome pedir algo, pero que no encontraba la manera de hacerlo porque temía que yo reaccionara mal.
Lo dijo con una sonrisa nerviosa. Incluso me tomó la mano antes de hablar. Yo pensé que me propondría vivir juntos o que me contaría alguna fantasía que pudiéramos discutir con calma. Jamás imaginé que aquella conversación terminaría dejándome con un nudo en el estómago.
Cuando finalmente me explicó lo que quería, sentí cómo se me calentó el rostro de la vergüenza. No porque la petición fuera ilegal o peligrosa, sino porque me hizo sentir profundamente humillada. Era algo que, en lo personal, me hacía perder por completo la sensación de igualdad dentro de nuestra relación. Le dije que no me sentía cómoda y que, simplemente, no era algo que quisiera hacer.
Esperaba que ahí terminara el tema, pero ocurrió todo lo contrario.
Mi novio insistió en que yo estaba exagerando. Me aseguró que "todos los hombres lo hacen", que era algo completamente normal entre sus amigos y que incluso varias de sus parejas aceptaban sin problema. Según él, yo era la única persona que reaccionaba de esa manera y quizá mi incomodidad se debía a prejuicios o a una falta de confianza.
Esas palabras comenzaron a dar vueltas en mi cabeza. ¿De verdad soy la rara? ¿Será que muchas parejas hacen cosas que para mí resultan degradantes y simplemente nunca se habla de ello? Empecé a cuestionarme si el problema era mi forma de pensar o si él estaba utilizando ese argumento para convencerme de cruzar un límite que yo ya había dejado claro.
Desde entonces el ambiente entre nosotros cambió. Cada vez que rechazaba el tema, él respondía con comentarios que parecían pequeños, pero terminaban haciéndome sentir culpable. Me decía que una pareja debía estar abierta a cumplir las fantasías del otro, que el amor también implicaba ceder en ocasiones y que, si yo realmente confiaba en él, no tendría por qué negarme.
Lo peor es que comencé a dudar de mí misma. No quiero ser una novia intolerante ni hacer sentir rechazado al hombre que amo, pero tampoco quiero acceder a algo únicamente por miedo a que piense que soy aburrida o anticuada. Hay una parte de mí que siente que, si cedo, voy a traicionarme. Y otra que teme que, si sigo diciendo que no, nuestra relación termine desgastándose por completo.
Por eso decidí escribir. Necesito saber si realmente estoy exagerando o si tengo derecho a poner un límite, aunque mi pareja insista en que "todo el mundo lo hace".
Preguntas que Marilú responde…
¿Es válido negarme a una práctica íntima aunque mi pareja asegure que es algo completamente normal entre otras parejas?
"Sí, es completamente válido. En sexualidad no existe una práctica que sea obligatoria por el simple hecho de que otras personas la disfruten. Lo que vuelve sana una experiencia íntima no es qué se hace, sino cómo se llega a ese acuerdo: desde el deseo compartido, la libertad y un consentimiento que puede darse... o retirarse. Si una práctica te hace sentir humillada, incómoda o en conflicto con tus propios valores, ese límite merece ser respetado sin necesidad de justificarlo".
¿Cómo puedo diferenciar si mi novio está compartiendo una fantasía de manera sana o si está intentando manipularme para que haga algo con lo que no me siento cómoda?
"Compartir una fantasía es sano; presionar para cumplirla no lo es. La diferencia suele verse en la reacción ante el "no". Cuando alguien acepta la negativa sin reproches, culpas o comparaciones, está respetando tu autonomía. Cuando aparecen frases como 'todas las parejas lo hacen', 'si me amaras accederías' o 'eres demasiado conservadora', la conversación deja de tratar sobre deseo y empieza a girar alrededor de la presión y la manipulación. En una relación saludable nadie tiene que convencer al otro de renunciar a sus propios límites para demostrar amor".
¿Quién es Marilú Álvarez?
Marilú Álvarez es sexóloga especializada en terapia individual y de pareja. Cuenta con formación en Análisis Existencial y Logoterapia, EFT (Emotionally Focused Therapy), EMDR para reprocesamiento del trauma y Terapia Narrativa. Su enfoque terapéutico es humanista y existencial, centrado en acompañar a las personas en procesos de autoconocimiento, crecimiento personal y fortalecimiento de sus relaciones.
Síguela en todas sus canales de comunicación:
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