La Copa del Mundo 2026 marcó un hecho sin precedentes en México, que se convirtió en el primer país en albergar tres veces el torneo de la FIFA. Y si bien la fiesta que se vive a lo largo del territorio mexicano recuerda que su afición es una gran anfitriona, en medio de la euforia colectiva también se ha destacado una faceta mucho más oscura.

Cuando algunas personas bailan con desconocidos, otras destrozan autos ajenos. Y mientras hay quienes hacen partícipes de la fiesta a las personas en sillas de ruedas y las levantan por los aires, hay hombres que agreden a las Madres Buscadoras y les arrebatan sus mantas para protegerse de una lluvia bajo la cual nadie los obligó a estar.

Afición mexicana durante la Copa del Mundo 2026 | AP

Si se traslada al entorno privado de los hogares, la situación no mejora. De acuerdo con datos de ONU Mujeres México −a partir de estudios realizados en otros países− los incidentes de violencia doméstica en medio de un megaevento deportivo pueden incrementar, según el resultado, entre el 26 y 38 por ciento; 40 por ciento si hay consumo de alcohol.

“La evidencia internacional muestra que durante los grandes eventos deportivos pueden confluir factores de riesgo que aumentan la violencia dentro de los hogares”, declaró Andrea Cházaro, oficial Nacional de Programas de Eliminación de la Violencia contra las Mujeres de la ONU en México, en entrevista para RÉCORD.

Marcha feminista del 8 de marzo en Ciudad de México | PATRICIA SPÍNDOLA

Entre estos factores está el consumo de alcohol; la presión competitiva; la intensidad emocional, y “las masculinidades nocivas” que descargan la emoción en sus familias, principalmente mujeres, niñas, niños y adolescentes. Por ello, la ONU, en colaboración con UNICEF y otras instituciones, aprovechó el Mundial 2026 para visibilizar más esta problemática por medio de la campaña ‘En equipo contra la violencia familiar’.

Falta de evidencia académica no justifica falta de acción en México

En junio de 2014, previo a la Copa del Mundo celebrada en Brasil, la Universidad de Lancaster publicó un estudio realizado en Inglaterra a lo largo de los mundiales de Corea-Japón 2002, Alemania 2006 y Sudáfrica 2010. A partir de los datos recabados, encontraron que los incidentes de violencia doméstica incrementaron de forma considerable los días en que jugó la Selección Inglesa.

Según el estudio, cuando los Tres Leones jugaron y ganaron o empataron, el incremento fue del 26 por ciento; mientras que en caso de derrota, el incremento fue del 38 por ciento en comparación a días en los que Inglaterra no tuvo partido de futbol. De igual forma, los incidentes aumentaron en un 11 por ciento el día después del encuentro disputado.

Al respecto, Andrea Cházaro reconoció que en México no se cuenta todavía con estudios tan especializados. Aunque se tienen se cuenta con estadísticas como las del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública para monitorear mensualmente cifras de llamadas de emergencia por hechos de violencia contra las mujeres, no hay “en tiempo real evidencia que triangule datos diarios del partido en cuestión con factores de riesgo, con las llamadas de emergencia”.

Afición mexicana durante la Copa del Mundo 2026 | AP

Es por eso que con la campaña ‘En equipo contra la violencia familiar’ buscan que, desde la parte institucional, la academia, los centros de investigación, el sector público, etc., se haga una mayor inversión para el análisis de los datos que ya existen. “Estamos haciendo un monitoreo de los casos, acompañamiento a las instituciones, para anticiparnos a estos riesgos que ya se identifican de manera muy clara”, señaló.

Por otra parte, en un estudio realizado por David Card y Gordon B. Dahl en 2011 en Estados Unidos, encontraron que en derrotas inesperadas de los equipos de la NFL (cuando se esperaba que el equipo local ganara por cuatro o más puntos), condujo a un incremento del diez por ciento en la tasa de violencia doméstica ejercida por hombres contra sus esposas y novias.

Marcha feminista del 8 de marzo en Ciudad de México | PATRICIA SPÍNDOLA

En ese contexto, Andrea Cházaro puntualizó que si bien, los estudios realizados internacionalmente se enfocan en eventos masivos, en México la evidencia empírica demuestra que esta situación se da de manera sostenida también en partidos locales. Por ello, reiteró que el Mundial 2026 es “una oportunidad para actuar, prevenir y fortalecer la cultura del reporte, y poner a disposición de las víctimas sobrevivientes, y de testigos de las comunidades, las líneas de emergencia que existen”.

El cambio sociocultural, un reto que requiere la ayuda del deporte

Si pierde mi equipo, pierde mi familia’. La frase es bastante reconocida en redes sociales. Puede variar el equipo al que hace referencia, las imágenes que lo acompañan, y las palabras utilizadas, pero el mensaje es el mismo y la reacción generalizada también: causa gracia y provoca risas cómplices entre varones. Porque en el imaginario colectivo, la decepción deportiva justifica el comportamiento violento.

Pero lo que para los hombres es un chiste, para las mujeres es una pesadilla. Mientras muchos de ellos alternan entre la euforia y la frustración que provoca un evento deportivo masivo, muchas de ellas saben que la posibilidad de que se desate un infierno en casa depende del resultado final. E incluso en casos en los que éste es favorable, varias mujeres no se salvan de ser víctimas de violencia.

“Estos chistes son mensajes misóginos, porque además normalizan la violencia. Definitivamente se requieren inversiones y esfuerzos sostenidos para la prevención de la violencia contra las mujeres. Y se requiere particularmente un enfoque en masculinidades positivas, hablándole a los hombres como estos agentes de cambio que pueden llegar a ser”, compartió Cházaro.

Marcha feminista del 8 de marzo en Ciudad de México | PATRICIA SPÍNDOLA

Con esto en mente, detalló que esta la campaña realizada en el marco del Mundial 2026 tiene tres enfoques principales. El primero es con las autoridades mejorar los protocolos de atención con base estándares internacionales. El segundo es fortalecer la conciencia del reporte y poner a disposición de la sociedad números de emergencia como el 079 o el 911.

Y, por último, están la estrategia de comunicación “que le habla también a la sociedad” y que pide concretamente “prestar atención en sus propios hogares y en los de las personas que les rodean, y reconocer las señales”. Reiteró que en este punto se busca “construir mensajes de hombres para hombres que disuadan este tipo de comportamientos”.

Afición mexicana durante la Copa del Mundo 2026 | AP

Es por esta razón que para la difusión de la campaña, la ONU no solo ha contado con actrices y mujeres deportistas, sino también con varones que puedan transmitir el mensaje de que es posible relacionarse con el futbol y la pareja de manera distinta. “Estos esfuerzos de transformación sociocultural toman su tiempo, pero requieren inversión y requieren atención, y requieren pensar diferente”.

"Particularmente en esta fiesta deportiva, es una oportunidad sin precedentes para hablarles también. Con esta campaña también buscamos eso, transformar las normas sociales que normalizan la violencia”, y añadió que “a la fecha, la violencia contra las mujeres sigue siendo la violación a los derechos humanos de las mujeres más normalizada, arraigada y tolerada a nivel mundial”.

Por último, mencionó que para campañas como la realizada este año en el marco del mundial Norteamérica 2026 tengan un efecto prolongado –con un legado de políticas públicas y cambios estructurales– es necesario que no solo se sumen los gobiernos, organizaciones internacionales y civiles, sino también los protagonistas dentro del deporte como jugadores y también los medios de comunicación.

“El deporte por sí solo tiene un potencial transformador y el ecosistema deportivo, quienes ejercen el deporte y quienes ejercen la práctica periodística también tienen esta responsabilidad de ser agentes de cambio y sobre todo modelos a seguir (…) todos tenemos una responsabilidad compartida de promover mensajes de respeto, de igualdad y de no violencia”, finalizó.

Marcha feminista del 8 de marzo en Ciudad de México | PATRICIA SPÍNDOLA