El brote de sarampión que afecta a México continúa activo y podría extenderse durante varios años si no se logra reducir el número de personas susceptibles al virus. El país acumula 19 mil 235 casos confirmados de sarampión entre 2025 y 2026, además de 45 defunciones asociadas a la enfermedad. Aunque el ritmo de nuevos contagios ha comenzado a disminuir respecto a los meses de mayor actividad, especialistas advierten que esto no significa que la transmisión haya terminado. Un experto de la Asociación Mexicana de Salud Pública estimó que el brote podría prolongarse hasta cinco años, de acuerdo con la experiencia de anteriores episodios de transmisión. La principal preocupación se concentra en las personas que no cuentan con protección suficiente.
¿Por qué siguen apareciendo casos de sarampión en México?
Una de las principales razones por las que el sarampión continúa circulando es la existencia de personas que no cuentan con protección contra el virus. La cobertura de vacunación insuficiente ha dejado a una parte de la población susceptible a la enfermedad, lo que permite que los contagios continúen cuando el virus llega a determinadas comunidades. De acuerdo con información citada de la Organización Panamericana de la Salud, 71% de los casos de sarampión registrados en América correspondieron a personas que no estaban vacunadas. En otro 18% se desconoce si habían recibido la vacuna. La presencia de población susceptible facilita que el virus vuelva a propagarse incluso cuando los contagios disminuyen temporalmente.
El doctor Romero Feregrino, director de la Sección Técnica de Vacunación de la Asociación Mexicana de Salud Pública, explicó que el comportamiento del brote depende directamente de cuántas personas susceptibles existan en cada región. Cuando el sarampión llega a una zona con una gran cantidad de personas sin protección, los casos pueden aumentar rápidamente; cuando esa población disminuye, los contagios comienzan a bajar. Sin embargo, la reducción de casos en una entidad no significa que el virus haya desaparecido del país. El sarampión puede llegar posteriormente a otra región donde todavía existan personas susceptibles y provocar un nuevo incremento de contagios.
La vacunación es clave para frenar la transmisión
El problema de las bajas coberturas de vacunación tiene diferentes causas y no puede atribuirse únicamente a la falta de disponibilidad de dosis. El doctor Zigor Campos, coordinador clínico de una Unidad Médica de Alta Especialidad del IMSS, señaló que existen factores estructurales, coyunturales y conductuales detrás de la disminución de la vacunación. Entre ellos se encuentra el impacto que tuvo la pandemia de COVID-19 sobre los servicios de salud. Durante ese periodo, algunas personas dejaron de acudir a los centros médicos y diversos recursos fueron destinados a atender la emergencia sanitaria. La interrupción de los servicios contribuyó a que disminuyeran las coberturas de vacunación.
A estos factores se suma la desinformación relacionada con las vacunas y el rechazo a la inmunización. Especialistas señalan que movimientos antivacunas y algunas creencias pueden influir en la decisión de determinadas personas de no recibir las dosis correspondientes. Esta situación resulta relevante porque el sarampión es una de las enfermedades virales con mayor capacidad de transmisión. Según los especialistas citados, una sola persona enferma puede contagiar hasta a 18 personas cercanas que no estén vacunadas. Mientras existan grupos amplios sin protección, el virus tendrá mayores oportunidades de encontrar nuevos huéspedes y mantener la cadena de contagios.
¿Qué edades concentran más casos de sarampión?
La población susceptible no se limita a los niños, pues los especialistas han identificado casos en personas de diferentes edades. Actualmente se han registrado contagios desde los primeros meses de vida hasta personas de aproximadamente 40 o 50 años, con una mayor concentración entre menores de cinco años y personas de 20 a 30 años. Algunos de estos grupos pueden incluir personas que no recibieron la vacuna cuando correspondía o que no desarrollaron la protección necesaria. La disminución de las coberturas comenzó a observarse desde años atrás y generó una acumulación de personas susceptibles. Por ello, la vacunación de los grupos que carecen de protección es fundamental para reducir el riesgo de nuevos brotes.
La amplitud de la transmisión también puede observarse en el número de regiones afectadas. Al 11 de agosto de 2026, los 32 estados habían notificado casos de sarampión, distribuidos en 511 municipios. Jalisco concentraba el mayor número de casos confirmados durante 2026, con 6 mil 734, seguido por Chiapas, Ciudad de México, Durango y Sonora. La presencia del virus en distintas zonas demuestra que el problema no está limitado a una sola entidad. La circulación nacional aumenta el riesgo de que el sarampión encuentre nuevas poblaciones susceptibles y genere incrementos locales.
¿Cuándo podría terminar el brote de sarampión?
Aunque recientemente se ha registrado una disminución en el número de nuevos casos, los especialistas consideran que todavía es prematuro hablar del final del brote. Entre el 4 y el 11 de agosto se registraron 99 nuevos casos confirmados, una cifra menor al incremento observado durante algunos de los meses de mayor transmisión. Como referencia, entre el 24 y el 31 de marzo se sumaron 536 casos, lo que muestra la diferencia entre ambos periodos. Sin embargo, la reducción reciente forma parte del comportamiento que puede presentar un brote cuando disminuye temporalmente la población susceptible en una región. El descenso actual no garantiza que el virus haya dejado de circular.
Romero Feregrino advirtió que la duración del brote dependerá de la rapidez con la que México consiga reducir el número de personas susceptibles mediante la vacunación. El especialista estimó que el comportamiento podría ser similar al de una experiencia anterior de eliminación del sarampión, que tomó alrededor de cinco años. La Asociación Mexicana de Vacunología también ha señalado la necesidad de intensificar las campañas de vacunación para recuperar las coberturas. Una señal más clara de que el brote estaría perdiendo fuerza sería observar descensos consecutivos de los casos acompañados por un aumento en la aplicación de vacunas. Mientras esto no ocurra, el riesgo de nuevos contagios permanecerá.

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