La lucha libre me ha regalado la oportunidad de conocer a mujeres extraordinarias. Con algunas he compartido vestidores, viajes y momentos importantes de mi carrera. Con otras he tenido encuentros muy exigentes sobre el ring. Y hay quienes, después de haber sido mis rivales, se han convertido en compañeras de equipo. Esa es una de las cosas que más disfruto de esta profesión.
Esta semana participaré en el Grand Prix Internacional de Amazonas del CMLL, una competencia que tiene un significado especial para mí. Representaré a México, pero del otro lado del ring también encontraré a compañeras con las que comparto mi carrera en Estados Unidos. Es una circunstancia interesante porque conozco su talento, admiro su trabajo y sé lo que significa competir a su lado.
Mi vida profesional se ha desarrollado entre México y Estados Unidos. Ambos países forman parte de mi historia y me han permitido crecer como luchadora y como persona. Por eso, representar a México no significa dejar de reconocer lo que he construido del otro lado de la frontera. Al contrario, me emociona encontrarme con compañeras de diferentes empresas y compartir una competencia de este nivel.
También hay situaciones interesantes dentro del equipo mexicano. Compartiré esta experiencia con Perséfone, una luchadora con la que recientemente estuve en lados opuestos del ring. Conozco su capacidad y respeto lo que ha conseguido. Ahora tendremos la oportunidad de trabajar juntas, aprender de nuestras fortalezas y buscar un resultado que nos permita sentirnos orgullosas de nuestro desempeño.
Algo parecido sucede con Kira e India Sioux, quienes han expresado su interés en disputar el Campeonato Nacional Femenil que actualmente tengo el honor de portar. Me entusiasma saber que existen luchadoras con esas aspiraciones. India conoce lo que significa competir por este campeonato y Kira ha demostrado que tiene objetivos importantes en su carrera. Reconocer sus capacidades también forma parte del respeto que les tengo.
Para mí, estas circunstancias reflejan algo muy valioso de la lucha libre. Podemos tener objetivos diferentes, competir por un campeonato y, al mismo tiempo, compartir experiencias que nos permitan crecer. Las rivalidades deportivas no tienen por qué convertirse en diferencias personales. Muchas veces, detrás de una gran competencia, también existe una relación de admiración y reconocimiento mutuo.
Con los años he aprendido que cada luchadora tiene una historia, una manera de entender esta profesión y razones personales para querer ganar. Conocer esas diferencias me ha ayudado a valorar todavía más los encuentros que compartimos. No siempre estaremos del mismo lado del ring, pero eso no impide que podamos reconocer el esfuerzo y la dedicación de nuestras compañeras.
Llego al Grand Prix con entusiasmo y con muchas ganas de competir. Sé que será una experiencia exigente, tanto por el talento del equipo internacional como por la responsabilidad que compartimos quienes representaremos a México. La lucha libre me ha enseñado que no necesitamos estar siempre del mismo lado del ring

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