El Grand Prix Internacional de Amazonas terminó con una victoria para México y con Skadi levantando el trofeo en la Arena México. Más allá del resultado, esta competencia me dejó algo que considero especialmente valioso como luchadora. Tuve la oportunidad de enfrentar y observar distintas maneras de entender nuestra profesión. Cuando competimos contra mujeres de diferentes países, no solamente ponemos a prueba nuestra fuerza y preparación. También necesitamos reconocer sus recursos y adaptar nuestra manera de luchar.
En México estamos acostumbrados a la velocidad, los vuelos, las llaves y los cambios de ritmo. Son elementos que forman parte de nuestra tradición, aunque cada luchadora los utiliza de manera diferente. En otras escuelas encontramos estilos que dan mayor importancia al contacto físico, los golpes, la resistencia o el control del espacio. Ninguno garantiza una victoria. El verdadero desafío consiste en saber cómo responder cuando una rival nos obliga a salir de nuestra zona de comodidad.
Durante el Grand Prix pudimos observar estas diferencias. Las representantes japonesas, como AZM y Momo Watanabe, mostraron intensidad y precisión. Megan Bayne aprovechó su fortaleza física para imponerse en momentos importantes, mientras que Marina Shafir presentó un desafío diferente por su capacidad para controlar a sus oponentes mediante llaves y técnicas de sometimiento. Para quienes representamos a México, cada enfrentamiento exigió una lectura distinta.
En mi caso, conseguí eliminar a Alice Crowley, pero posteriormente quedé fuera ante Queen Aminata. Lo menciono porque los torneos de eliminación nos recuerdan algo fundamental. No basta con ejecutar correctamente nuestros movimientos. También debemos mantener la concentración, administrar nuestra energía y reaccionar ante situaciones que cambian rápidamente. En ocasiones, un pequeño error puede determinar si continuamos en la competencia o quedamos eliminadas.
También destaco las actuaciones de Kira, quien consiguió eliminar a dos rivales internacionales, y de Olympia, que llegó a las últimas etapas del torneo. Ambas demostraron que existen diferentes maneras de competir frente a estilos que no enfrentamos habitualmente. Cada luchadora tiene fortalezas particulares y parte de nuestra preparación consiste en aprender a utilizarlas en el momento adecuado.
Skadi enfrentó la última prueba ante Megan Bayne, una rival que representa un desafío importante por sus características físicas y su estilo de lucha. Su victoria puso fin a una competencia exigente y abrió una pregunta interesante sobre las oportunidades que pueden surgir después de enfrentar a oponentes con experiencias tan distintas.
Para mí, ese es uno de los mayores atractivos de las competencias internacionales. Nos permiten medir nuestras capacidades, identificar aspectos que debemos mejorar y conocer rivales que difícilmente enfrentaríamos en nuestras actividades habituales. La preparación no consiste únicamente en estudiar los movimientos de una oponente. También debemos interpretar sus decisiones, comprender sus tiempos y encontrar soluciones sin perder nuestra identidad sobre el ring.
Los próximos campeonatos y rivalidades dependerán de las decisiones de cada empresa, pero el Grand Prix ya dejó nuevas referencias deportivas y posibilidades de enfrentamientos que resultaría interesante ver en el futuro.
El trofeo quedó en México. Las lecciones de aquella noche nos acompañarán a todas las que subimos al ring.

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