Querida especialista,
Nunca imaginé que terminaría escribiéndole por algo así. Me siento avergonzada incluso mientras redacto esto porque una parte de mí piensa que suena ridículo y la otra siente que ya no puede ignorarlo.
Necesito saber si estoy exagerando o si de verdad esto podría afectar un matrimonio.
Tengo 34 años y llevo cinco casada con mi marido, Daniel. Lo amo. Es un hombre trabajador, cariñoso y siempre me ha tratado bien. Hasta hace poco, si alguien me hubiera preguntado qué era lo peor de nuestra relación, probablemente habría dicho algo insignificante, como que deja los vasos sucios junto al fregadero o que tarda demasiado arreglándose para salir.
Pero ahora hay algo que me está quitando las ganas de estar cerca de él. Y me siento horrible por admitirlo.
El hábito sucio de mi marido es tan repugnante que ya ni siquiera quiero besarlo.
Lo peor es que no lo descubrí de golpe. Fue poco a poco.
La primera vez pasó hace meses. Estábamos viendo una película y noté algo extraño. Daniel se quitó la camiseta que había usado todo el día, la acercó a su cara y aspiró profundamente.
Pensé que estaba bromeando.
Le pregunté:
—¿Qué haces?
Y se rio.
—Nada.
No le di importancia.
Pero luego empezó a pasar más veces.
Lo vi oler sus calcetines antes de ponerlos en el cesto de ropa. lo vi oler la almohada donde había dormido, lo vi tomar una camiseta sudada del gimnasio y acercarla a su cara durante unos segundos.
Especialista, sé que esto puede sonar absurdo, pero empecé a sentir una incomodidad que no sabía explicar.
Porque no era una vez.
No era una broma. Era una costumbre.
Y empezó a inquietarme.
Hace unas semanas pasó algo que me dejó completamente desconcertada.
Entré al dormitorio antes de lo normal porque había olvidado mi cargador. Daniel no me escuchó entrar. Estaba sentado en la cama sosteniendo una de mis camisetas.
La acercó lentamente a su cara y la olió.
Me quedé congelada.
No era una camiseta limpia, la había usado ese día.
Él levantó la vista y cuando me vio dio un salto. Parecía avergonzado. Muy avergonzado.
Le pregunté:
—¿Qué estabas haciendo?
Y por primera vez desde que lo conozco, se puso nervioso.
Me dijo:
—No es lo que piensas.
Pero ¿qué se supone que debía pensar? Intenté hablar con él más tarde y al principio evitó responderme. Después me dijo algo que me dejó aún más confundida. Me dijo:
—Siempre lo he hecho.
Le pregunté qué significaba eso.
Y después de quedarse callado unos segundos me respondió:
—En mi casa todos eran así.
Especialista, sentí un escalofrío. Porque de repente pensé:
¿Todos? ¿Toda su familia? ¿Y desde cuándo?
Desde ese día no dejo de pensar en ello.
Ahora cuando intenta besarme, mi mente recuerda esa imagen.
Cuando me abraza, pienso en todas las cosas raras que quizá hace y nunca he visto. Y me siento terrible porque lo amo, pero algo dentro de mí cambió.
No sé si estoy juzgándolo injustamente o si mi reacción es normal. Especialista, necesito un consejo.
¿Estoy exagerando o debería preocuparme porque mi marido tiene hábitos que me producen rechazo físico?
Marilú te aconseja...
Lo que parece estar rompiendo la relación no es el hecho de oler la ropa, sino el significado que ese comportamiento adquirió para ti. Lo que describes podría relacionarse con la rinofilia, una preferencia sexual o erótica en la que los olores corporales pueden resultar excitantes o emocionalmente significativos. Es importante aclarar que una parafilia, por sí misma, no constituye un trastorno mental. De acuerdo con el Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, solo se considera un trastorno parafílico cuando provoca un malestar clínicamente significativo en la propia persona, deteriora su funcionamiento o implica conductas sin consentimiento. En ausencia de estos elementos, puede tratarse simplemente de una forma distinta de vivir la sexualidad. Sin embargo, también es completamente válido que una conducta así despierte rechazo y modifique la manera en que la otra persona experimenta el deseo o la cercanía física.
Más que preguntarte si estás exagerando, quizá valdría la pena preguntarte qué representa hoy esa imagen para ti. ¿Lo que te cuesta volver a besar es el hábito en sí, o la sensación de haber descubierto una faceta de tu esposo que nunca conocías? En las relaciones de pareja, muchas veces el problema no es la conducta, sino el significado que ambos le atribuyen y la capacidad que tengan para hablar de ella sin burlas ni vergüenza.
Marilú Álvarez
Marilú Álvarez es sexóloga especializada en terapia individual y de pareja. Cuenta con formación en Análisis Existencial y Logoterapia, EFT (Emotionally Focused Therapy), EMDR para reprocesamiento del trauma y Terapia Narrativa. Su enfoque terapéutico es humanista y existencial, centrado en acompañar a las personas en procesos de autoconocimiento, crecimiento personal y fortalecimiento de sus relaciones.
marilu@terapiaconsentido.com
Instagram: @marilu_psicoterapeuta
Tiktok: @marilupsicoterapeuta

&format=webp)
&format=webp)
&format=webp)