Me da mucha pena contar esta situación porque siento que debería saber qué hacer a estas alturas, pero la verdad es que no.
Tengo 25 años y comencé mi vida sexual cuando todavía era adolescente. Mi primera vez no fue algo increíble ni mucho menos. De hecho, durante mucho tiempo pensé que quizá era normal que el sexo no se sintiera como todo el mundo decía. Con los años tuve varias parejas sexuales y fui conociendo mi cuerpo poco a poco, aunque siento que nunca llegué a conocerlo realmente.
He tenido relaciones de todo tipo. Algunas fueron experiencias bonitas, otras no tanto y también tuve parejas con las que existía mucha confianza. Pero hay algo que nunca ha cambiado: Nunca he tenido un orgasmo.
Al principio no me preocupaba demasiado. Pensaba que simplemente no había llegado el momento o que quizá necesitaba conocer mejor a la persona con la que estaba.
Después comencé a pensar que tal vez era cuestión de experiencia. Pero pasaron los años y seguía exactamente igual. Lo más extraño es que sí disfruto de la intimidad. No es que no sienta nada o que no me guste estar con mi pareja. Puedo sentir placer, deseo y excitación, pero llega un momento en el que parece que mi cuerpo simplemente se detiene.
Es como si hubiera una puerta que nunca logro abrir. He fingido orgasmos algunas veces. Me da muchísima vergüenza admitirlo, pero lo hice porque no quería que mi pareja pensara que estaba haciendo algo mal.
En otras ocasiones simplemente esperaba a que terminara el encuentro y actuaba como si todo hubiera estado bien. Después me quedaba pensando que quizá había algo defectuoso en mí.
Lo peor comenzó cuando mis amigas empezaron a hablar del tema con mucha naturalidad. Una de ellas contó que podía tener orgasmos fácilmente y otra me dijo que incluso había aprendido a conocer exactamente qué cosas le gustaban. Yo solo sonreía y cambiaba de conversación. No quería decirles que nunca había sentido eso.
A veces hasta me da miedo que alguien piense que estoy mintiendo. He llegado a preguntarme si realmente sé lo que significa tener un orgasmo o si simplemente nunca he llegado a experimentar uno. Actualmente tengo pareja y él sabe que me cuesta llegar al orgasmo, aunque no conoce toda la dimensión del problema. Él cree que algún día ocurrirá y que solamente necesitamos tener paciencia. El problema es que yo cada vez estoy más ansiosa.
Ahora, cuando tenemos intimidad, en lugar de disfrutar empiezo a pensar: “¿Ya debería estar sintiendo algo?” “¿Por qué no pasa?” “¿Cuánto falta?”
Y mientras más pienso en eso, menos consigo concentrarme en lo que estoy sintiendo.
Incluso he llegado a sentir que estoy decepcionando a mi pareja. Una vez me preguntó si había hecho algo mal y no supe qué responderle. Le dije que no, que todo estaba bien. Pero no estaba bien. Porque yo sí quiero experimentar un orgasmo. Quiero saber qué se siente. Quiero dejar de sentir que me estoy perdiendo una parte de mi sexualidad.
También tengo miedo de que esto nunca cambie. He leído historias de mujeres que dicen que nunca han podido tener un orgasmo y otras que aseguran que después de muchos años finalmente lo consiguieron. Cada vez que leo algo así me pregunto en cuál de los dos grupos terminaré yo.
No sé si el problema está en mi cuerpo, en mis experiencias anteriores, en la forma en que vivo el sexo o simplemente en que todavía no he aprendido a conocerme.
Sé que puede sonar absurdo, pero cuando llevas tantos años esperando sentir algo que otras personas describen como algo natural, comienzas a preguntarte si eres tú la que está fallando.
No quiero seguir fingiendo. Quiero poder hablar con mi pareja sin sentir vergüenza y, sobre todo, quiero dejar de sentir que mi cuerpo me está traicionando. ¿Es normal que a mis 25 años nunca haya tenido un orgasmo? ¿Realmente puedo aprender a conocer mi cuerpo y disfrutar plenamente de mi sexualidad o debería preocuparme porque nunca me ha pasado?
Marilú te aconseja
Lo primero que te diría es: tu cuerpo no te está traicionando y no existe una edad a la que “ya deberías” haber tenido un orgasmo.
Pero hay algo que me llama muchísimo la atención de lo que cuentas. Durante el encuentro sexual ya no solamente estás sintiendo; estás pensando: “¿ya debería estar sintiendo algo?, ¿por qué no pasa?, ¿cuánto falta?” Y tú misma notas que mientras más lo piensas, menos puedes concentrarte en lo que estás sintiendo.
Para mí, el orgasmo se convirtió poco a poco en un examen que tienes que aprobar. Y cuando estoy en mi cabeza evaluando constantemente si mi cuerpo está respondiendo “como debería”, dejo de estar en mi cuerpo disfrutando de lo que sí está ocurriendo.
También dejaría de fingir. Entiendo que probablemente lo haces para que tu pareja no piense que está haciendo algo mal, pero si finjo lo que me gusta o lo que siento, ¿cómo puede mi pareja conocer realmente mi sexualidad?
Yo no pondría como primera meta “tengo que conseguir un orgasmo”. Empezaría por algo mucho más básico: quiero conocer mi cuerpo y descubrir qué me produce placer, sin tener que llegar a ningún lado.
Y sí buscaría una valoración sexológica, porque no asumiría automáticamente que todo es ansiedad. Habría que explorar cómo es tu respuesta sexual, qué tipo de estimulación recibes, masturbación, medicamentos, factores físicos, experiencias anteriores y contexto de pareja. Pero definitivamente no partiría de “algo está mal conmigo”. Partiría de una pregunta muy diferente: ¿qué necesito aprender de mi propio cuerpo que hasta ahora he estado esperando que descubran mis parejas?
Marilú Ávarez
Marilú Álvarez es sexóloga especializada en terapia individual y de pareja. Cuenta con formación en Análisis Existencial y Logoterapia, EFT (Emotionally Focused Therapy), EMDR para reprocesamiento del trauma y Terapia Narrativa. Su enfoque terapéutico es humanista y existencial, centrado en acompañar a las personas en procesos de autoconocimiento, crecimiento personal y fortalecimiento de sus relaciones.
marilu@terapiaconsentido.com
Instagram: @marilu_psicoterapeuta
Tiktok: @marilupsicoterapeuta

&format=webp)
&format=webp)
&format=webp)