Nunca imaginé que después de casi quince años de matrimonio el problema en mi relación no sería una infidelidad, una crisis económica o el desgaste de la rutina, sino algo que empezó dentro de mi propia cabeza y que, poco a poco, fue creciendo hasta convertirse en una necesidad que ya no sé cómo controlar.

Tengo 38 años, llevo casi quince años casado y tenemos dos hijos. Mi esposa y yo hemos construido una familia de la que me siento orgulloso. Nunca hemos sido la pareja perfecta, pero tampoco hemos vivido escándalos. Como suele pasar con los años, la rutina terminó alcanzándonos. Entre el trabajo, las responsabilidades y los niños, nuestra relación comenzó a sentirse predecible. Nos seguíamos queriendo, pero había momentos en los que parecía que simplemente cumplíamos con nuestras obligaciones como esposos.

La interacción en la intimidad debe estar construida por la confianza / Magnific

Una noche, mientras platicábamos de anécdotas de cuando éramos novios, salió el tema de las personas con las que ambos habíamos salido antes de conocernos. Fue una conversación completamente casual. Incluso nos reíamos recordando lo inmaduros que éramos en esa época. Sin embargo, hubo un momento en el que mi esposa mencionó a uno de sus exnovios y, sin saber por qué, sentí algo extraño.

No fue enojo. Tampoco celos. Fue una mezcla difícil de explicar, una sensación que me tomó por sorpresa y que, lejos de incomodarme, despertó una curiosidad que jamás había sentido.

Pasaron varios días antes de atreverme a decirle lo que me estaba ocurriendo. Me daba vergüenza incluso ponerlo en palabras porque temía que pensara que estaba perdiendo la razón. Pero un día reuní valor y le confesé que, de manera inesperada, me había gustado escuchar algunas historias de su pasado. Le pregunté si estaría dispuesta a contarme un poco más cuando estuviéramos en nuestra intimidad.

Esperaba que me mirara con extrañeza o que me dijera que estaba loco. Para mi sorpresa, sonrió.

Me dijo que también le parecía curioso, pero que si eso ayudaba a romper la rutina y ambos nos sentíamos cómodos, no veía ningún problema. Nunca la sentí obligada. Al contrario, parecía tomarlo como un juego entre nosotros.

Con el paso de los meses esa dinámica comenzó a repetirse. Lo que al principio era una conversación ocasional terminó convirtiéndose en algo que ambos ya esperábamos. Yo descubría que mi imaginación volaba cada vez más lejos y ella parecía disfrutar el efecto que tenían sus palabras sobre mí. Nuestra relación mejoró, volvimos a reírnos más y recuperamos una complicidad que creía perdida.

Romper con la rutina no tan fácil como parece, pero nada se pierde intentándolo / Magnific

Pero entonces apareció un pensamiento que jamás había tenido. Empecé a preguntarme qué sentiría si esas historias dejaran de ser recuerdos.

Al principio rechacé esa idea. Me parecía absurda. Me repetía que yo amaba demasiado a mi esposa como para querer compartirla con alguien más. Sin embargo, mientras más intentaba ignorar ese pensamiento, con más frecuencia regresaba. Ya no era sólo imaginar escenas del pasado. Ahora me sorprendía fantaseando con situaciones que nunca habían ocurrido.

Lo más desconcertante es que no siento deseos de estar con otra mujer. No quiero buscar una aventura ni terminar mi matrimonio. Lo único que ha cambiado es esa fantasía que parece crecer cada vez que pienso en mi esposa.

Desde hace semanas estoy considerando hacerle una propuesta que jamás pensé que saldría de mi boca. Quiero preguntarle si alguna vez estaría dispuesta a cumplir esa fantasía conmigo, pero al mismo tiempo me aterra que sólo escucharla cambie para siempre la imagen que tiene de mí.

Tengo miedo de que piense que ya no la amo, que estoy buscando un pretexto para serle infiel o que nuestro matrimonio está roto, cuando la realidad es exactamente la contraria. La amo profundamente y, precisamente por eso, no quiero destruir todo lo que hemos construido por una idea que quizá sólo pertenece al mundo de las fantasías.

Las fantasías íntimas deben de planearse bien para no quedar con mal sabor de boca / Magnific

No sé si esto es más común de lo que imagino o si estoy dejando que mi mente cruce una línea que nunca debí acercarme a cruzar. Antes de decirle algo que no pueda retirar, necesito entender qué me está pasando.

Preguntas que Marilú responde… 

¿Es normal que una fantasía de pareja evolucione hasta el punto de querer convertirla en realidad, o es mejor que algunas permanezcan sólo en la imaginación? 

Las fantasías sexuales suelen evolucionar con el tiempo y eso, por sí mismo, no significa que exista un problema ni que el deseo hacia la pareja haya desaparecido. De hecho, muchas personas fantasean con situaciones que nunca desean vivir fuera de su imaginación. La evidencia muestra que la fantasía cumple funciones como aumentar la excitación, explorar posibilidades o romper la rutina, y no necesariamente representa un deseo que deba llevarse a la práctica.

La imaginación no tiene límites y mejor externar lo que uno siente y piensa / Magnific

¿Cómo puedo hablar con mi esposa sobre este tema sin que sienta que ya no la deseo, que nuestro matrimonio no me basta o que estoy poniendo en riesgo la confianza que hemos construido durante tantos años?

No puedes predecir cómo se va a sentir o que va a pensar, así que si decides hablarlo con ella, la conversación podría empezar hablando de ella y de la relación y no de la fantasía. Explícale que la sigues deseando, que no estás buscando reemplazarla ni abrir una puerta a la infidelidad, sino entender algo que está ocurriendo en tu mundo erótico. También es importante dejar claro desde el principio que no esperas una respuesta inmediata ni que se sienta obligada a aceptar la propuesta. Cuando una fantasía se presenta como una invitación a dialogar, la pareja puede explorarla con seguridad; cuando se presenta como una expectativa que el otro debe cumplir, es mucho más probable que despierte miedo, inseguridad o la sensación de que el amor ya no es suficiente.

Marilú Álvarez responde a todas las dudas que nuestros lectores tengan / Especial

¿Quién es Marilú Álvarez?

Marilú Álvarez es sexóloga especializada en terapia individual y de pareja. Cuenta con formación en Análisis Existencial y Logoterapia, EFT (Emotionally Focused Therapy), EMDR para reprocesamiento del trauma y Terapia Narrativa. Su enfoque terapéutico es humanista y existencial, centrado en acompañar a las personas en procesos de autoconocimiento, crecimiento personal y fortalecimiento de sus relaciones.

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