Hay algo de mí que nunca me he atrevido a contarle a nadie. Ni a mis amigos más cercanos, ni a las mujeres con las que he salido, ni siquiera al psicólogo al que alguna vez acudí por ansiedad. Siempre termino escondiendo esta parte porque me da miedo que, en cuanto la escuchen, me etiqueten como un pervertido o como alguien que no tiene remedio.

Tengo 36 años y, si alguien viera mi vida desde fuera, pensaría que soy una persona completamente normal. Trabajo, hago ejercicio, salgo con mis amigos y he tenido varias relaciones estables. Nunca he sido violento ni me interesa lastimar a nadie. Sin embargo, desde hace muchos años descubrí que hay un patrón que se repite una y otra vez y que cada vez me preocupa más.

No me obsesiona cualquier mujer. Lo que realmente despierta mi interés son aquellas con las que, en teoría, nunca debería involucrarme.

Una relación estable podría ser algo no muy atractivo para algunos hombres / Magnific

Con el tiempo me di cuenta de que casi todas las relaciones que más me han marcado tenían algo en común. Una era la exnovia de un amigo muy cercano. Otra era una mujer casada que me llevaba varios años. Después apareció una amiga de una de mis parejas. En otra ocasión me sorprendí fantaseando con alguien que formaba parte de mi propia familia, un pensamiento que me llenó de vergüenza y que jamás quise convertir en realidad.

Lo que me atrae no parece ser la persona en sí. Es la sensación de que existe un límite que no debería cruzarse.

Durante mucho tiempo me convencí de que era simple casualidad. Pero conforme pasaban los años entendí que estaba buscando exactamente ese tipo de situaciones. Cuando conocía a una mujer disponible, soltera y sin ningún vínculo complicado, perdía el interés con facilidad. En cambio, si había algún obstáculo, si la relación implicaba un secreto, una traición o una prohibición moral, mi cabeza comenzaba a obsesionarse.

¿La mujer prohibida es algo que atraiga a los hombres?

Lo peor es que, cuando alguna de esas historias llegaba a ocurrir, la emoción desaparecía casi de inmediato.

La satisfacción duraba muy poco… Después llegaba algo mucho más fuerte.

La culpa.

Una culpa tan pesada que podía pasar días sin dormir bien, preguntándome por qué había vuelto a hacerlo. Me prometía que esa sería la última vez, que iba a cambiar, que buscaría una relación sana y dejaría atrás esa necesidad de perseguir lo que no debía tocar.

Pero siempre terminaba repitiendo el mismo ciclo.

Hay momentos en los que incluso me pregunto si tengo algún tipo de trastorno. No entiendo por qué necesito que exista una especie de riesgo para sentirme verdaderamente atraído. No quiero vivir traicionando la confianza de otras personas ni cargando con este sentimiento de vergüenza cada vez que termina una aventura.

Lo que más miedo me da es que mi límite parezca moverse. Pensamientos que hace años me parecían impensables aparecen de forma inesperada y me asustan. Nunca he querido actuar sobre ellos, precisamente porque sé que serían inaceptables y causarían un daño enorme. Esa parte de mí me hace cuestionarme si necesito ayuda profesional antes de perder el control de mis decisiones.

La culpa podría invadirte si sabes que haces algo malo dentro de una relación / Magnific

Es agotador vivir dividido entre la emoción del momento y el remordimiento que llega después. Quiero construir una relación estable, dejar de perseguir aquello que puede lastimar a otros y entender por qué mi deseo parece funcionar de una manera que ni yo mismo comprendo.

Preguntas que Marilú responde… 

Es posible que exista una explicación psicológica para sentir una atracción constante por relaciones "prohibidas", aunque después aparezca un fuerte sentimiento de culpa? 

Sí, existen varias explicaciones posibles. Para algunas personas, lo que incrementa el deseo no es la persona en sí, sino el contexto: el secreto, el riesgo, la transgresión o la posibilidad de hacer algo que "no debería ocurrir". Nuestro cerebro puede asociar la novedad y la prohibición con una mayor activación sexual. Eso no convierte automáticamente a alguien en una mala persona ni significa que exista un trastorno. Tener una fantasía, incluso una que resulte incómoda, no es equivalente a querer actuar sobre ella.

¿Cómo puedo distinguir entre una fantasía que nunca debería convertirse en realidad y un problema que requiere atención profesional antes de afectar mi vida y mis relaciones?

La diferencia importante está en el impacto que tiene en tu vida. Si las fantasías generan angustia intensa, te llevan repetidamente a actuar de maneras que terminan dañándote a ti o a otras personas, o sientes que has perdido la capacidad de elegir cómo comportarte, entonces sí vale la pena buscar atención profesional. La terapia no busca eliminar el deseo, sino comprender qué función cumple ese patrón, desarrollar un mayor autocontrol y ayudarte a construir una sexualidad que sea coherente con los valores y el tipo de relaciones que realmente quieres vivir.

Una fantasía podría meterte en problema sino sabes controlarte / Magnific

¿Quién es Marilú Álvarez?

Marilú Álvarez es sexóloga especializada en terapia individual y de pareja. Cuenta con formación en Análisis Existencial y Logoterapia, EFT (Emotionally Focused Therapy), EMDR para reprocesamiento del trauma y Terapia Narrativa. Su enfoque terapéutico es humanista y existencial, centrado en acompañar a las personas en procesos de autoconocimiento, crecimiento personal y fortalecimiento de sus relaciones.

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