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Opinión

Carlos Ponce de León

Director de RÉCORD, experto en futbol nacional e internacional. En su columna tendrás un análisis veraz y oportuno.

Dónde debe ir la crítica

2021-08-09 | Carlos Ponce de León
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No se necesita ser experto para reconocer que Tokio 2020 fue un fracaso para México; sin embargo, hay que alumbrar dónde debe quedar la crítica.

El aficionado tiene el derecho para opinar lo que sucede en JO, como en cualquier espectáculo, a pesar de la molestia del atleta y aunque ese espectador lance la frustración ante la falta de gloria desde un sillón. Le entregaron el poder.

Tenemos que apuntar la crítica al blanco adecuado y no sacrificar al deportista por quedar en cuarto sitio, un lugar de privilegio. En nuestro país hay mucha confusión cuando se aniquila al atleta, pues poco se ha hecho para explicar que la gloria en deportes hoy se alcanza gracias a esfuerzos individuales, a historias de vida, y cada vez menos se debe al apoyo gubernamental, que aparece para salir en la foto, pues rara vez está en el inicio de la gestación de un atleta.

Hace falta desarrollar criterio, cultura deportiva, una explicación que viene desde los medios de comunicación, en especial desde la TV, pero es una virtud que escasea en las pantallas mexicanas.

EL OLIMPISMO ENTREGÓ EL PODER AL ESPECTADOR
Los JO hoy deben su existencia más a los espectadores que a los atletas. Es la cruda aseveración que reconoce la evolución que alcanzó el máximo evento deportivo de la humanidad para poder sobrevivir en nuestros días. Ya no hay de otra.

Así lo reconoce el COI, aunque suene falto de corazón y sentido deportivo; es la cruel realidad de otra industria que también ancló su dependencia a la televisión. El espectador manda.

El COI es un organismo sin fines de lucro, “dedicado a usar los ingresos generador por los Juegos Olímpicos para ayudar a atletas y a desarrollar el deporte alrededor del mundo”. Para lograrlo, obtiene 73 por ciento ingresos totales de la venta de derechos de transmisión. Después de los derechos de marketing (18 por ciento).

El potencial de ingresos derivados de la TV en Tokio 2020 es de 4 billones de dólares. El contrato más jugoso del COI es el que mantiene con NBC Universal, que transmite los JO para EU desde 1988 y que en 2014 pagó 7.7 billones de dólares por seguir hasta 2032. Tan sólo por publicidad, el gigante mediático reportó que al llegar al 90 por ciento de sus espacios comerciales vendidos para la justa ya había logrado 1.25 billones de dólares. En la semana de arranque de Tokio 2020, el CEO de la cadena de TV, Jeff Shell, aseguró que serían “los Juegos más rentables en la historia de la compañía”.

FALTAN HERRAMIENTAS PARA FORMAR OPINIÓN
Con ese gran poder de la crítica, el espectador debería desarrollar una opinión con fundamentos sólidos, formada a través del conocimiento y la especialidad que transmiten los medios, sobre todo de nuestros atletas, de sus historias de vida, de esos esfuerzos individuales, de lo que costó llegar al cuarto lugar. Pero en la televisión deportiva hoy le dedica más espacio al chiste que a contenidos con la narrativa valiosa de nuestro deporte.

No digo que no hay que entretener, lo que pido es tener más comunicadores que ilustren a la audiencia, como el gran ejemplo que volvió a poner Alberto Lati con Claro Sports, un maestro para dar contexto y alumbrar el lugar desconocido de los mortales al otro lado de la pantalla. Faltan.

NUESTRO PAÍS Y LOS ATLETAS
Pongamos la responsabilidad adecuada a quienes fomentan el deporte en México. EU fundamenta sus logros olímpicos en la estructura deportiva colegial: en Tokio fueron 195 medallistas de la NCAA. China, segundo lugar, debe su fortaleza al apoyo estatal, pues tiene la inversión más grande de cualquier gobierno para desarrollar atletas.

En México, el fomento del deporte tiene cada vez menos atención: de los 5,357 mdp que invirtió gobierno en 2012, pasamos a 2,783 en 2020, y a 2,675 en 2021. No es para extrañar el descenso también en medallas. Exijamos el retorno de la importancia al desarrollo del deporte a nuestras autoridades, pero no matemos a nuestros atletas.