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Opinión

Carlos Ponce de León

Director de RÉCORD, experto en futbol nacional e internacional. En su columna tendrás un análisis veraz y oportuno.

Transformemos la cruda realidad

2021-03-08 | Carlos Ponce de León
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En México no existen las condiciones para que una mujer se convierta y desarrolle en plenitud como futbolista profesional, en lo que el concepto refiere como ‘práctica habitual de una actividad de la cual se vive’. La Liga MX femenil dio un primer paso con su creación, y aunque tiene potencial enorme para explotar, la realidad es que sigue atascada entre las múltiples carencias que tiene la industria para atender a una categoría que no sea varonil.

Con una edad promedio de 22 años y una media de salario que se atora en los 3,500 mil pesos mensuales entre casi 500 futbolistas registradas en 18 clubes, nuestro torneo tiene que ser catalogado como ‘semi-profesional’ o de formación, y aunque debemos impulsar su evolución desde cada una de nuestras trincheras, fallaríamos si maquillamos la cruda realidad que viven sus jugadoras al asegurar que ‘están viviendo el sueño’, o simplemente al ignorar los profundos problemas que existen en esta división del deporte favorito de nuestro país.

QUÉ SE NECESITA PARA PODER SUBIR DE NIVEL
En el ramo profesional, aunque cada día hay más voces luchando por un mayor espacio digno y profesional para las mujeres, la realidad es que hay pocos casos de éxito deportivo y financieros en categorías femeniles como requiere y demanda nuestra sociedad. El mejor ejemplo lo logró el tenis, cuyos torneos más relevantes entregan en categoría femenil condiciones casi similares a las que recibe el mejor atleta de la industria sin importar el género.

Para lograrlo, fue necesario un ciclo virtuoso: oferta atractiva en sus competencias, por tanto audiencias altas, por tanto inversión y difusión mediática, por tanto interés de patrocinadores. Y vuelta al punto inicial, pero un nivel arriba. Hay quien piensa que este circuito no inicia necesariamente con los deportistas, pero son los ingredientes indispensables para una categoría exitosa.

A la par hay otra misión fundamental para avanzar: la creación de una cultura de género, una de inclusión, que transforme y permita a las futbolistas una real oportunidad de desarrollo como profesionales, que elimine las trabas impuestas por la histórica hegemonía masculina en el deporte de las patadas.

POCA CAPACIDAD ENTRE LOS CLUBES
Desde la primera Liga MX Femenil, en el Apertura 2017, los participantes pactaron que habrían reglas no escritas, especialmente sobre tener un ‘tope salarial’, que buscaba hacer una competencia pareja para todos, pues eran mayoría los que requerían un notable sacrificio financiero y de recursos para mantener un equipo profesional en la categoría. Pero no se respetó el acuerdo, hubo los que de inmediato decidieron sacar ventaja y hoy ya son los grandes del circuito.

Contrario a clubes que no pudieron presentar un cuadro para la Femenil, como Puebla y Lobos BUAP, los poderosos de Monterrey decidieron abrir cartera para marcar distancia, ofrecieron sueldos sin comparación y tras seis torneos completos, dominan sin oposición.

De los 12 finalistas que existen en la historia, nueve son Tigres y Monterrey; cuatro de seis Finales han sido entre los regios. Chivas y América se reparten los otros dos títulos. Los norteños conquistaron la Liga Femenil MX a base de billetazos, como ningún otro.

Hace tres años, Jesús Martínez, Presidente de Grupo Pachuca, me advirtió: “El futbol femenil es el futuro de este deporte”, al tiempo que me mostraba las instalaciones que terminaba de construir para las futbolistas en la Universidad del Futbol, primeras en nuestro país con las condiciones que requiere un equipo profesional de mujeres. Únicas.

Si todos los clubes tuvieran la capacidad económica de Tigres y Rayados, la visión del Pachuca o la cultura y compromiso de América y Chivas, y no sólo mantuvieran a equipos femeniles por la obligación reglamentaria que impuso la Liga MX, nuestro futbol femenil tendría un futuro más brillante. Pero no es así. Estamos lejos.

La mayoría de clubes tienen carencias, no sólo estructurales o financieras, sino de visión, y lo peor, culturales, de falta de capacidad para atender las circunstancias que permitan el pleno desarrollo de nuestras futbolistas. Se dio un primer paso valioso con la creación del torneo, pero aún falta un tramo largo y vamos a velocidad tortuga.