El cierre de un año suele estar rodeado de celebraciones, luces y brindis; sin embargo, para una parte de la población, el fin de año despierta sentimientos de tristeza, melancolía o ansiedad. Lejos de ser una experiencia aislada, este fenómeno es más común de lo que se piensa y tiene diversas explicaciones desde la psicología.
De acuerdo con especialistas, esta etapa funciona como un momento de evaluación personal, en el que muchas personas revisan lo que lograron, lo que quedó pendiente y las expectativas que no se cumplieron, lo que puede generar frustración o desánimo.

Además, el contraste entre el ambiente festivo y el estado emocional interno puede intensificar estos sentimientos, especialmente cuando existe la percepción de que “todos los demás están felices”.
¿Por qué el fin de año puede generar tristeza o depresión?
Psicólogos explican que uno de los principales factores es la autoexigencia que acompaña al cierre del ciclo. El balance del año puede activar pensamientos negativos relacionados con metas no alcanzadas, cambios no realizados o pérdidas personales.

Otro elemento clave es la nostalgia, ya que estas fechas suelen traer recuerdos de personas que ya no están, relaciones que terminaron o etapas de la vida que quedaron atrás. Este proceso emocional puede provocar una sensación de vacío o duelo silencioso.
También influye la presión social, alimentada por redes sociales y narrativas culturales que asocian el Año Nuevo con éxito, alegría y renovación inmediata, lo que puede generar sentimientos de insuficiencia en quienes no se identifican con ese ideal.
¿Cuándo es momento de pedir ayuda?
Los especialistas señalan que sentir tristeza ocasional durante el fin de año es normal; sin embargo, cuando el malestar es persistente, intenso o se acompaña de aislamiento, insomnio o pérdida de interés, es importante buscar apoyo profesional.

Entre las recomendaciones se encuentra reconocer las emociones sin juzgarlas, evitar comparaciones y mantener rutinas básicas de autocuidado, como dormir bien y alimentarse de forma adecuada.
Asimismo, se sugiere reducir la exposición a contenidos que refuercen expectativas irreales y buscar espacios de conversación con personas de confianza para expresar lo que se siente.
El inicio de un nuevo año no implica un cambio automático en el estado emocional. Los expertos recuerdan que cada persona vive el cierre de ciclo a su propio ritmo y que la salud mental debe atenderse con la misma importancia que cualquier otro aspecto del bienestar.
Reconocer que el fin de año no siempre es feliz es un primer paso para normalizar estas emociones y promover una visión más empática y realista de esta etapa.





