John Obi Mikel vivió horas de angustia durante el último partido de Nigeria frente a Argentina, y no fue precisamente porque su selección necesitaba de los tres puntos para pasar a Octavos de Final, sino porque su padre había sido secuestrado.
"Recibí una llamada cuatro horas antes del inicio (del encuentro frente Argentina) para contarme qué había pasado. Me dijeron (los secuestradores) que matarían a mi padre si le informaba (de la situación) a las autoridades o si se lo contaba a alguien", confesó el futbolista nigeriano al periódico inglés, 'The Guardian'.
Obi Mikel aseguró que acató las órdenes de los secuestradores y que decidió no decirle a nadie del equipo, con el motivo de que no se volviera un distractor, de cara al partido decisivo de la Fase de Grupos.
"Tampoco quería discutirlo (lo ocurrido) con el entrenador (Gernot Rohr) porque no quería que mi problema se convirtiera en una distracción para él o para el resto del equipo. Jugué mientras mi padre estaba en manos de los delincuentes. Tuve que suprimir el trauma", señaló.
Pese a todo, el padre del futbolista fue rescatado por autoridades nigerianas; sin embargo, tuvo que ser ingresado a un hospital, para recibir tratamiento por la tortura a la que fue sometido mientras se encontraba privado de su libertad.
"Mi padre fue liberado de manera segura el lunes (2 de julio) por la tarde. Agradezco a las autoridades policiales sus esfuerzos por el rescate. Desafortunadamente, mi padre ahora está en el hospital recibiendo tratamiento de emergencia como resultado de la tortura a la que fue sometido durante su captura", puntualizó Obi Mikel.




