El Estadio Tlahuicole se convierte en mucho más que una sede de la Jornada 3. La cancha tlaxcalteca alberga un partido cargado de historia, orgullo y memoria colectiva, en un choque que trasciende la simple suma de puntos.
El duelo entre Coyotes y la Trinca despierta emociones que se forjan con el paso del tiempo. No es una rivalidad improvisada ni reciente; es una confrontación que se construye a base de enfrentamientos decisivos, estadios llenos y estilos que chocan dentro del terreno de juego.
Cada vez que estos equipos se encuentran, el contexto pesa. El ambiente en Tlaxcala se transforma y la expectativa crece, porque ambos clubes llegan con el antecedente de haberse disputado algo más que partidos: prestigio, jerarquía y dominio en su categoría.
Hoy, el presente vuelve a colocarlos frente a frente, con la consigna de mantener viva una rivalidad que se adapta a nuevas divisiones sin perder su esencia. El silbatazo inicial promete revivir viejas batallas bajo una nueva circunstancia competitiva.
Una rivalidad que evoluciona en la Expansión MX
El origen de este enfrentamiento se cocina en la Liga Premier, donde Coyotes y la Trinca se consolidan como protagonistas constantes. Liguillas recurrentes y duelos de eliminación directa convierten al Tlahuicole y al Sergio León Chávez en escenarios de auténticas pruebas de carácter.
Aquellos partidos se distinguen por marcadores cortos, intensidad física y una atmósfera imponente desde la tribuna. En ese contexto, el conjunto tlaxcalteca hace de su casa una fortaleza, mientras los freseros asumen el rol de favoritos obligados a imponer condiciones.




