Imaginemos a un niño que sueña con estar en la Selección Mexicana de futbol. Desde pequeño ha tenido la ilusión de ser como los jugadores que ve como sus héroes, desempeñándose en la cancha con la verde bien puesta.
Inicia a jugar desde chico, en la primaria destaca, pasa a ligas menores y se le nota un talento especial. Por fin, tras un gran esfuerzo y sacrificio, logra participar en los semilleros de equipos grandes, lo que le implicó dejar su lugar de origen en la adolescencia y lanzarse a cumplir con su propósito. Finalmente, debuta como profesional, un escalón, que en promedio muy pocos pueden dar. Y, finalmente, logra entrar al grupo de los elegidos: es llamado al Tri.
Se cumple con el futuro anhelado, llegó la oportunidad. ¿Y qué pasa?
Surge un pequeño problema, al parecer él y su generación de compañeros no están dando el ancho como equipo y lo que fue tan deseado, ahora se convierte en un momento de gran frustración. Las preguntas que se hacen son: ¿Tanto para llegar a esto? ¿Soy parte protagónica del peor momento en la historia del futbol mexicano? Seguramente pensará: “Me esfuerzo con lo que me pide el técnico, los resultados no se dan y escuchó que nos llaman mediocres, generación fallida, materia prima de segunda, producto mal terminado y de mala calidad, que nos falta personalidad y liderazgo. Somos hoy objeto de burlas y desacreditaciones”. ¿Qué sigue? Empaticemos con estos jugadores para darnos cuenta que son parte de la historia narrada y lo que esto les implica personalmente.
Imagino a algunos de mis lectores pensando: “¿Pobrecitos? Que sean hombres y no payasos, que se la rifen en la cancha”. En parte estoy de acuerdo.
Pero entonces ¿qué hacemos con esta generación? ¿Culpar al sistema y directivos y esperar otros 10 años? ¿Darlos por perdidos? Por supuesto que no. Tenemos que construir a partir de lo que hay y con lo que se es. Pero definitivamente sí tienen que lograr una sacudida mental muy fuerte. 'Jimmy' comenzó trabajando la credibilidad en ellos y ese es el rumbo adecuado. Sin ser un soñador, yo sí creo que hay más que hacer.
¿Qué tiene que pasar conmigo para que mejore la precisión en los pases? ¿Cómo afino los remates a gol? ¿Qué hacer para evitar los errores defensivos? ¿Qué más recursos hay en mí hoy? Es algo que se tiene que visualizar y repetir para lograr el autocontrol y mantener el mejor desempeño posible. Tantos obstáculos y cambios interfieren en que se dé el proceso para que fluyan como un equipo bien alineado y en su máximo desempeño.
Estos jóvenes tienen que sobreponerse y elevarse sobre las circunstancias para seguir luchando, pese a lo que se dice de ellos. Pero el tema no sólo es de esfuerzo, es una alienación psicológica mucho más fina, de concentración, de foco en lo técnico, de jugar con certeza, de hacer equipo, de romper con algunos patrones que no han funcionado y que deben descubrir, dialogar y transformar. De divertirse y gozar del juego.
¿Qué más nos toca hacer a los demás? ¿Buscar culpables? Como ya mencioné, dejemos eso a los analistas y críticos. Hoy toca apoyar a los nuestros e ir para adelante, pero no con más de lo mismo. Sin duda se requiere un parteaguas psicológico, emocional y táctico que espero que con 'Jimmy' puedan lograr.
Estimados lectoras y lectores, exijamos siempre estar en lo más alto, pero si no estamos allí, no caigamos en darnos por una generación fracasada ni etiquetemos a los demás. Esforcémonos con ahínco en modificar lo que sea necesario para lograr los resultados.
“Revitalízate, vuelve a la esencia de lo que te da el éxito”.
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