La Esmeralda de Quasimodo

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Opiniones, análisis y puntos de vista de los principales columnistas deportivos de RÉCORD. Entérate de lo que piensan los expertos del futbol mexicano y más.

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La gallina de los huevos de oro está herida, se desangra. La Selección Mexicana toca su punto más bajo desde que se convirtió en el producto más brillante y lucrativo de la industria futbolera. Y aunque lo dudes, la capacidad casi divina, etérea, del Tri para generar pasiones podría salvarla de la muerte; eso sí, esta vez tardará mucho más en volver a una forma óptima. Lo peor es el momento en el que la crisis azota al balón, justo antes del Mundial en casa.

Responsables, hay muchos, es favorito el deporte de repartir culpas, pero en realidad es uno solo: el futbol mexicano como colectivo incapaz de conectar intereses de tantos involucrados, desde dueños, hasta directivos, entrenadores, promotores y futbolistas, incluso patrocinadores y televisoras. Con un platillo tan jugoso en la mesa fue irresistible tirar la mordida, los ratones se amontonan y abalanzan por la suya.

Mientras, el aficionado incondicional veía la dantesca escena mendigando unas migajas de aquel futbol por el que se enamoró del Tri, de ese dominio sobre EU y la Concacaf, de las admiradas figuras que hoy ya no hay, de aquello que hubiera evitado que el niño se quitara la banda con los colores mexicanos de la cabeza y que besara el escudo de los gringos. Con unas sobras bastaba.

Los indicadores se fueron acumulando y estallaron con la humillación ante Estados Unidos. Aunque Cocca no es de mi agrado, hay que reconocer que eso no se salvaba ni con Pep en el banquillo. Ayer llegó la confirmación espeluznante, en forma y lugar menos esperados: en Las Vegas, ciudad que los mexicanos casi reconquistan en los casinos y hoteles, paraíso de espectáculos, en donde la afición abandonó a la Selección. Primero, era impensado un partido del Tri por el Tercer Lugar de la zona ante Panamá, pero el extremo fue la sede con gradas casi vacías. Dantesco. 

Los recientes cambios en Selecciones y FMF fueron anunciados como un renacimiento, pero en realidad es un engendro que sigue arrastrando el fracaso deportivo que culminó con Qatar 2022. Esta reestructura es un Quasimodo moderno, una deformidad que es repudiada a pesar de tener buenas intenciones. Con un desenlace aún más triste: al ver que está en peligro su amada gitana Esmeralda, nombre que coincide irónicamente con el color de la playera nacional, no puede salvarla y muere de tristeza.

Padecimos con simpatía las aventuras de aquel campanero de Notre Dame, a pesar del funesto final; el moderno en el que se convirtió la FMF tiene tres años antes de que nuestra Esmeralda sea sacrificada en casa, un tiempo que luce también corto para que pueda salvarla. Parece condenada.