La derrota del Sevilla ante el Celta de Vigo en el Sánchez-Pizjuán no solo significó la pérdida de tres puntos, sino un nuevo golpe para un proyecto que comienza a mostrar grietas. El equipo dirigido por Matías Almeyda cayó 1-0 con un gol en los minutos finales y prolongó una racha negativa que incrementa la presión sobre el banquillo rojiblanco.
En un partido donde el Sevilla tuvo mayor posesión y control territorial, la falta de contundencia y los errores puntuales terminaron por condenarlo. El resultado dejó al conjunto andaluz fuera de la zona alta y encendió las alarmas en torno al rumbo del equipo a mitad de temporada.

Un Sevilla sin respuestas y con dudas crecientes
Desde el arranque, el Sevilla intentó imponer condiciones con el balón, pero su dominio fue estéril. El equipo de Almeyda careció de profundidad y claridad en el último tercio, permitiendo que el Celta se sintiera cómodo replegado y listo para atacar a la contra con espacios.
Las mejores oportunidades fueron para el cuadro gallego, encabezado por un activo Iago Aspas, quien generó peligro constante. Solo las intervenciones del arquero Odisseas Vlachodimos evitaron que el Sevilla se fuera abajo antes del tramo final del encuentro, reflejando una fragilidad defensiva cada vez más evidente.
Con el paso de los minutos, la ansiedad se apoderó del conjunto local. Las imprecisiones, las protestas y la desconexión entre líneas mostraron a un Sevilla superado mentalmente, incapaz de imponer jerarquía en casa y cada vez más lejos de una identidad clara bajo la dirección de Almeyda.

El penal, la derrota y un proyecto que se tambalea
El golpe definitivo llegó al minuto 87, cuando un claro pisotón de Oso sobre Ilaix Moriba fue sancionado como penal. Marcos Alonso tomó el balón, engañó a Vlachodimos y marcó el 1-0 que silenció el Sánchez-Pizjuán y sentenció el partido.
La anotación fue un mazazo para Matías Almeyda, quien sumó su cuarta derrota consecutiva en el campeonato. El Sevilla cerró la Jornada 19 en la posición 14, lejos de las expectativas trazadas al inicio del torneo y con una tendencia descendente que preocupa tanto a la directiva como a la afición.
Mientras el Celta celebró un triunfo que lo impulsa hasta el séptimo lugar, en Sevilla el foco está puesto en el futuro del proyecto. Las decisiones de Almeyda, la falta de resultados y la sensación de estancamiento alimentan un debate que crece jornada tras jornada: el margen de error se reduce y el tiempo comienza a jugar en contra del técnico argentino.

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