Villana perfecta

Columnistas

Opiniones, análisis y puntos de vista de los principales columnistas deportivos de RÉCORD. Entérate de lo que piensan los expertos del futbol mexicano y más.

Columnistas

Opiniones, análisis y puntos de vista de los principales columnistas deportivos de RÉCORD. Entérate de lo que piensan los expertos del futbol mexicano y más.

Llovía como casi siempre, porque en la frontera entre los estados de Oregon y Washington, en el noroeste de los Estados Unidos, la lluvia forma parte del entorno diario y más a finales de noviembre. Judy esquivando charcos se presentó como todos los martes a la puerta de la prisión estatal de Walla Walla, una penitenciaria para más de dos mil internos y que posee el llamado ‘pasillo de la muerte’, sitio donde se ejecutan con inyección letal a aquellos prisioneros sentenciados a perder la vida.

Tenía cita conyugal con su esposo Jeffrey Solo, un excombatiente de Vietnam que estaba preso por malversación. Nueve meses después, a finales de julio de 1981, una niña de ojos claros sería el fruto concebido en una celda de tres metros de largo por dos de ancho. Judy le pondría a la pequeña el nombre de Hope (Esperanza), palabra que le alborotaba las neuronas cuando por un lado trataba de dejar la bebida que le hacía olvidar su presente y, por el otro, cuatro letras que deseaba con fuerza viendo hacia el futuro una vez que su marido terminara con su condena. 

Cuando Jeffrey salió de la cárcel tenía a la par otra familia y forzó a que los medios hermanos convivieran sin que en ninguno de los dos lados hubiera queja. Hope, la mayor del matrimonio legal de su padre, gustaba de jugar basquetbol y los fines de semana asistía con los scouts; durante meses juntó en una caja de madera dinero de todas sus amigas que a final de año se utilizaría para una fiesta previa a Navidad; sin embargo, un día la caja desapareció y las autoridades tocaron a la puerta de su hogar para despojarlos del auto ante la falta de pago. 

Jeffrey le había robado el dinero a su hija y malos negocios lo llevaron nuevamente a la ruina. Judy se divorció cuando Hope tenía seis años, pero meses después Jeffrey le arrebató a sus hijos y fue acusado de secuestro. “Pensé que estábamos de vacaciones”, contó Hope en su autobiografía. 

Ella desde los siete años dejó de ver a su padre, que tras salir por segunda vez de prisión desapareció para convertirse en un vagabundo que varias veces fue visto en los barrios más peligrosos de Seattle y en otras ocasiones durmiendo en los frondosos bosques de la periferia. 

El carácter de la chica se fue forjando a contracorriente y la adversidad fue su motor. Varias compañeras de escuela jugaban al futbol, un deporte que de a poco se hacía popular entre las niñas que no eran aceptadas en softbol, danza u otras actividades. Hope empezó como delantera, anotó más de 100 goles en dos años y la ponían a entrenar con los varones. Era demasiado fuerte para practicar con sus compañeras y los entrenadores no querían que lastimara a nadie del equipo.

Le seducía lanzarse al piso y sentirse poderosa cuando el balón venía por elevación. 

De piernas poderosas y muy buena estatura, Solo comenzó a brillar gracias al arrojo, valentía y personalidad que le imprimía a su juego. No le tenía temor a los golpes y le encantaba hablar dentro del campo, incluso solía intimidar con su lenguaje a las rivales, digamos que sus genes italianos le brotaban por los poros. 

El futbol la llevó con beca completa al programa de la Universidad de Washington y ahí la entrenadora Gallimore le pidió que probara como portera. Y es que Hope cuando se ponía los guantes en los entrenamientos recreativos era mejor que las arqueras de la escuadra y además tenía la facilidad de jugar con los pies por sus dotes de atacante. Así que no duraron mucho las conversaciones para convencerla de que su futuro sería la defensa de los tres palos. 

“En verdad al principio odiaba ser portera, yo quería correr tras la pelota, aunque después me empezó a gustar”, le relató a Newsweek. Al salir de la universidad se transformó en la mejor de su posición en todo el país y la selección ya le tenía un lugar reservado. 

En 2007 jugarían la Semifinal del Mundial ante Brasil y el entrenador Greg Ryan decidió sentarla, porque consideraba que la experiencia de la veterana Briana Scurry sería vital para detener la habilidad del ataque verdeamarelha. El resultado fue derrota de 4-0, y Hope declaró: “Fue una mala decisión, y creo que todos lo saben, debí jugar, yo hubiera tapado esas pelotas”, obviamente la polémica se desató, el medio la dejó marcada como mala compañera y el entrenador la suspendió. 

El ambiente interno se enrareció, nadie en el equipo quería saber de ella, sus compañeras no le hablaban, no comían a su lado, la dejaban sola en el túnel, no deseaban compartir cuarto con la número uno. Hope endureció aún más su postura y soportó el aislamiento, sabedora que su pasado era más duro que lo que sus palabras le provocaron a su propio entorno. 

Únicamente las actuaciones sobresalientes y un ligero cambio de postura hicieron que el grupo la volviera aceptar, quizá por eso Solo fue vital para obtener las medallas olímpicas de oro consecutivas en Beijing y Londres, así como el subcampeonato del mundo en 2011 y el título mundial de 2015. 

La fama la hizo firmar contratos con publicitarios, salir en portadas de revistas, ser invitada en distintos programas y hasta realizar ‘cameos’ de televisión. “Son cosas estúpidas que debo hacer para poder ganar más dinero, porque lo que el futbol nos da a las mujeres apenas nos alcanza para tener una vida promedio, distinto a lo que pasa con los hombres”. 

Sin embargo, los escándalos siempre la coquetean. Acusó a su sobrino de violencia doméstica, pero en el mismo incidente su media hermana le reviró la demanda al decir que ella fue la que atacó a ambos bajo los efectos del alcohol. Esa misma noche se resistió al arrestó e insultó a los policías. Según el reporte oficial, luego de proferir palabras altisonantes a la autoridad, una vez detenida los oficiales le pidieron se retirara el collar que portaba y ella les gritó: “Este collar vale más que todo un año de tu salario”. En otra oportunidad sufrió una agresión por parte de su marido Jerramy Stevens, jugador de la NFL, quien la golpeó durante una fiesta en donde se encontraron drogas y armas. Dio positivo un control de antidoping; sin embargo, logró demostrar que fue una sustancia dentro de un medicamento para dolores menstruales que el médico le había recetado. Durante el backstage del programa ‘Dancing with the stars’, acusó a su compañero Maskim Chmerkovskiy, de haberla cacheteado por no aprenderse un paso, afirmación que fue negada rotundamente por el bailarín ucraniano. “Puedes ser bueno o malo. Pudiste tener una vida de mierda mientras crecías. Puedes tener tu historia, pero si sólo eres una mala persona, saben bien a lo que me refiero. Para eso no hay ninguna excusa”, contó en le podcast de Allegedly with Theo Von & Matthew Cole Weiss. 

Hope Solo es un símbolo para millones de pequeñas que ven en ella lo que ella vio en Mia Hamm, una estrella del juego, una superdotada que mediante la pelota pudo cumplir sus sueños de sobresalir y ser alguien en el mundo del deporte y la competitividad estadounidense; sin embargo, a diferencia de Hamm, ella posee un lado para muchos perverso que la condena a ser la muñeca malvada dentro de un campo que domina la dulce y angelical Alex Morgan, su compañera y contraparte mediática. 

Cuando Estados Unidos debió refrendar su título olímpico en Río, primero Hope divulgó unas fotos con una especie de protección contra el zika, situación que sentó muy mal entre los brasileños y después en los Cuartos de Final se les cruzó una dura representación sueca dirigida por su exentrenadora Pia Sundhage, mismas que las eliminaron, a lo que Solo, ante la impotencia de la derrota y fiel a su rebeldía, encendió los papeles asegurando que habían jugado frente a un equipo lleno de cobardes y que el mejor cuadro no había ganado. 

Sundhage, con elegancia respondió: “Ok, somos cobardes, pero ganamos. Hope sabe muy bien lo que es un equipo vencedor. Ellas ganaron mucho, pero esta vez pasamos nosotras”. 

A los 35 años de edad, Hope Solo sigue siendo la mejor portera del mundo, su fiereza, los reflejos, velocidad, dominio del área y del aire así lo demuestran. Un chica dura que estuvo cerca del retiro cuando se lesionó un hombro y permaneció más de seis meses fuera de actividad. “Pensé que era el final de mi carrera”, le dijo a Sports Illustrated. Una mujer con mirada profunda, casi asesina que esparció las cenizas de su padre por Central Park y afuera del Yankee Stadium y al que asegura no le guarda rencor y sí un amor profundo a pesar de que nunca supo bien quién era en realidad. Una chica que ama a su madre y al futbol por sobre todas las cosas. Hope Solo, para muchos el alma de su selección  y para otros la villana perfecta del deporte norteamericano.