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Opinión

Ignacio Suárez

El Fantasma ha recorrido el mundo del deporte a través de 6 Mundiales, 10 Copas América y 5 JO. Aportará a RÉCORD su conocimiento y exclusivas.

El futbol en tiempos de guerra

2022-03-02 | Ignacio Suárez
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Es difícil escribir en tiempos de guerra, más sobre las pasiones que provoca un deporte lúdico como es el futbol. Algún día leí por ahí un escrito con el que siempre he coincidido: todas las guerras carecen de sentido por más razones y justificaciones que se argumenten. Ningún proyecto de nación merece la vida de un solo ser humano, ninguno. 

La vileza de los humanos no tiene límites, y nadie se los pone. En la guerra muchos matan a semejantes sin saber a ciencia cierta porque lo hacen y miles mueren sin siquiera saberlo, ni merecerlo, y peor aún, sin siquiera poderse defender. Algún estúpido tirano desde la comodidad de su escritorio simplemente tomó la decisión, a final de cuentas ellos NO estarán al frente de las batallas. 

Los entornos y justificaciones que existen entre los que toman decisiones sobre el futbol, como en la guerra, viven situaciones paralelas. Siempre encontrarán razones para justificar las sinrazones. Siempre abrirán los ojos para castigar la maldad a conveniencia y cerrarán los ojos por el mismo motivo. ¿Cuestión de banderas? NO, creo que siempre ha sido cuestión de intereses. 

A CONVENIENCIA 

El mundo que fustiga señala y castiga a la Rusia del impresentable Putin, suele ser el mismo que calla ante la siempre atacada Palestina, el mismo que agacha la cabeza por los ataques de Arabia Saudita a Yemen, y se quedaron ciegos cuando los ucranianos radicales masacraron civiles en Dombás años atrás, y así podríamos hacer una lista interminable.  

Lo mismo pasa con el futbol, cuando Doña FIFA es implacable contra México por el grito homofóbico, pero se calla el hocico con los millones de dólares que le inyecta Qatar, el país donde el homosexualismo ha causado miles de muertes. Los dirigentes, sentados cómodamente en sus escritorios, rodeados de lujos, dinero y seguridad, encontrarán las razones para bajar o subir el dedo pulgar a conveniencia.  

La enorme diferencia es que mientras los dirigentes deportivos solo matan la credibilidad, en la guerra se mueren miles de seres humanos, la mayoría inocentes. En cada guerra, siempre hay razones e intereses verdaderos que se ocultan para justificar las razones 'oficiales' de los motivos que se utilizan para justificarla.

Desde tiempos inmemoriales las guerras se han convertido en el gran negocio de muchos, por ello si no hay motivos, los inventan o los fabrican.  

Cuanta razón tenía Albert Camus, cuando en su libro titulado 'La peste', escribió: "Cuando estalla una guerra la gente dice: 'Esto no puede durar, es demasiado estúpido'. Y sin duda una guerra es demasiado estúpida, pero eso no impide que dure. La estupidez insiste siempre". 

SALVOCONDUCTO 

Cuando comenzó la guerra, fue inevitable recordar las interminables tardes de charlas y recuento de vivencias a lado de su siempre 'Solera campechana muchos hielos' en la 'Rambla' de la calle de Cuauhtémoc, que era el refugio y guarida de muchos compañeros en mis tiempos en Televisa.  

Me refiero a mi queridísimo amigo Jorge Pliego, quien lamentablemente murió hace seis años, pero que con su cámara retrató una y mil veces los horrores de la guerra acompañando a Lalo Salazar o Alberto Peláez, con quien vivió y se jugó la vida de 'a deveras', mientras que las coberturas que hizo con Loret de Mola se referiría como la más papita, de más mercadotecnia, que, de verdadero peligro como las primeras, nada que ver unas con otras, incluso 'teníamos que dramatizarlas más', nos decía.   

En aquellas tardes mi buen Jorge me contaba cómo durante la guerra de Irak fue testigo incomprensible de cómo un balón de futbol se podía convertir en el perfecto evasor de la terrible realidad que vivían:

“Neta Fantasma, no podía creer cómo es que esos niños-adolescentes, luego de haber sufrido el bombardeo en su ciudad, saltaban prácticamente sobre los cadáveres y escombros de los edificios para ir a jugar la cascarita. Les faltaba comida, les faltaba y nos faltaba casi todo, pero a ellos les sobraban las ganas de jugar futbol”. 

Fue el buen Jorge, el que hace muchos años me regaló un ensayo que había escrito y le habría obsequiado un periodista español amigo suyo, gran aficionado al Athletic de Bilbao, a quien conoció en la cobertura de la guerra en Irak.

"Este te va a servir más a ti mi fantasmita”, me dijo con esa característica voz aguardientosa que tanto recuerdo. Y claro que me sirvió, pues el ensayo recopilaba vivencias de guerra de muchos periodistas españoles, donde el futbol sirvió como salvoconducto salvando muchas vidas.   

FUTBOL ENTRE BOMBAS 

Muchos años después, hace un par de años, gran parte de este ensayo, ya enriquecido con más testimonios, fue publicado por el diario Marca con el título de 'Futbol entre bombas', del cual recuperaré para usted apreciable lector algunos textos, que retratan cómo una pasión, cómo la afición a un equipo, a un jugador, ha significado para muchos colegas el salvoconducto para seguir vivos. De manera real y literal, el futbol les salvó la vida.   

En esa recopilación, Pedro Lobo, el corresponsal de guerra para el Diario El País, relata los consejos que les daba a los periodistas y camarógrafos que cubrían por primera vez un evento tan sangriento: “Estudia el futbol de los equipos de los Balcanes, conocer a sus equipos y donde juegan sus figuras te puede salvar la vida. Ahora son Leo y CR7, pero antes, en la década de los 90, eran otros los ídolos que abrían puertas.

"En los noventas, cuando la Guerra de los Balcanes, cuando llegabas a un control, debías saber qué tipo de jugador tenías que invocar. Si era serbio, decías, por ejemplo, Radomir Antic; si era croata, hablabas de Davor Suker, Robert Prosinecki o cualquier otro; y si era bosnio, de Kodro, por ejemplo.

"Mientras no te equivocaras con los nombres y no dijeras uno que no debías, todo iba bien. El futbol te abre puertas en la guerra y te ayuda a conectar con la gente".

SOUVENIRS COMO PASAPORTE 

En esta recopilación viene también la vivencia de otro buen amigo de Jorge Pliego, el histórico reportero de la Televisión Española, José Luis Márquez, quien ha cubierto conflictos bélicos por décadas, que comenzaron en Vietnam.

"Un buen amigo mío tenía una relación muy cercana con el Real Madrid y le dije: 'Oye, por qué no me consigues cromos, camisetas, llaveros, mecheros... lo que sea de los jugadores'. Y me dio un montón de chucherías que yo iba regalando por ahí. En los Balcanes, todo ese tipo de cosas los volvía locos. Allí el que tiene un llavero del Madrid es el capo. Ilusión les hacía un montón. Una insignia, una foto de los jugadores... lo que fuera les encantaba", cuenta.

"Cuando llegaba a los controles, le decía al miliciano: 'Hola, ¿Real Madrid o Barcelona?'. Y si me contestaba: '¡Real Madrid, good, good!'. A ese le daba de regalo algo de lo que tenía y si me decía que era del Barcelona, pues también le daba por si cambiaba de opinión", recuerda Márquez, que conseguía así su objetivo: "Entablábamos, de este modo, un primer contacto amable con los soldados. Y eso era casi un pasaporte garantizado”  

PANTIC LOS SALVÓ

En 'Futbol entre Bombas' se recoge el testimonio del reportero español José Antonio Guardiola (nada que ver con Pep), quien relata que en un tiroteo y ataque hirieron a dos niños que habían ido a recoger leña al bosque, para poder encender la chimenea y poder vencer al inclemente frío.  

Su familia les paró el alto pidiendo ayuda para el herido: “Uno de los niños quedó muerto ahí mismo, el otro, un chaval de 12 ó 13 años estaba herido, le habían rozado el cráneo con una bala y tenía toda la cabeza vendada. 'O le lleváis al hospital de Pristina o va a morir', nos dijeron. Era un riesgo, porque la policía serbia nos podía acusar de trasladar a un supuesto herido de guerra, que podía ser un combatiente. Y a ver cómo demostrábamos que no lo era".

"Como dejar que muriera no era una opción, nos la jugamos y le llevamos al hospital. Al chaval lo metimos atrás en el coche debajo de unas mantas. También venía su abuelo. En esa época en Kosovo casi en cada cruce había un control de las fuerzas especiales de la policía de Milosevic. Depende de la hora a la que fuera y de la 'alegría' que le hubieran dado los milicianos a la rakia, el aguardiente de allí, tenías más o menos problemas para pasarlo", continúa.  

"Llegamos al primer control serbio y bien, pero en el segundo... Salió un soldado, empezó a rodear el coche, a mirar por todas partes. Dónde vais, para qué, quién es ese señor, por el abuelo, que os acompaña... Te puedes imaginar la tensión que teníamos. 'Abridme el maletero', ordenó de repente. Y ya, súper acojonado, se me ocurrió soltar: '¡Milinko Pantic!'. Fue magia. 

Se giró y dijo: 'Atlético de Madrid, 'dobro' (se traduce como 'bueno'). Le cambió por completo la actitud. Pantic era serbio, como él, y sería uno de sus ídolos. Eso generó un vínculo entre nosotros y dejamos de ser enemigos. Ya empezamos a vacilar con los jugadores, que si 'Mijatovic, no, que es del Real Madrid', que sí... y al soldado se le olvidó todo. Ni registró el coche ni nada. Hasta nos ofreció una copa de rakia. Si nos hace bajar y llega a encontrar al chaval escondido...", asegura Guardiola. Y suspira... Porque siente el alivio. "No sé qué hubiera podido pasar, prefiero no pensarlo", concluye.  

EL FUTBOL LOS DESCONECTABA 

¿Cómo entender lo que significa el futbol para quien está cubriendo los combates? Quizá la mejor respuesta la tuvo el reportero Mikel Ayestarán, quien entre los corresponsales de guerra pedía radio transistores prestados para escuchar a su Real Sociedad desde Afganistán.

"Cuando jugaba en segunda, yo estaba allí empotrado con los americanos y seguía los partidos con la radio que me dejaban los soldados en las bases. Piensas: '¡Dios mío, cómo puedo estar pendiente de esto!'. Pero te sirve para aislarte un rato y desconectar y por eso lo hacía”.

FINAL Y TREGUA  

El futbol no conoce de fronteras, países, guerras. Es una religión donde no se discrimina a nadie, en las cuales todos caben y todo se puede por ese, su deporte. África, testigo de crueles conflictos bélicos, es un lugar donde aman un balón por encima de todas las cosas. 

Ramón Lobo, reflexiona sobre el tema: "El futbol es para ellos (los africanos) una forma de progreso. Tienen compatriotas como Weah, Drogba, Eto'o... que han sido ídolos en Europa y los niños sueñan con poder ser como ellos algún día". 

Relata sus vivencias en Liberia, un país ubicado en la costa oeste del continente africano: “Allí por la mañana hacían la guerra y por la tarde 'firmaban' la paz, capitulaban por 'culpa' de un partido que se jugaba a siete kilómetros de distancia, en Roma.

"Por aquel entonces, los niños soldados combatían durísimamente por el control de las calles de Monrovia. Había cuatro grupos armados distintos formados por adolescentes. Y recuerdo que todos, en la mañana del día de la Final de la Copa de Europa, estaban pendientes de que esa tarde había un encuentro de futbol. Yo les preguntaba que cómo lo iban a ver y ellos me decían que tenían sistemas para piratear la señal internacional", cuenta Gervasio Sánchez.

Aquello sucedió el 22 de mayo de 1996, el día que la Juventus levantó su segunda 'Orejona' tras ganar en los penaltis al Ajax en el Estadio Olímpico de la capital de Italia. 

Vaya bizarra historia. La muerte dando una tregua al cerebro de 90 minutos. Antes de volver a la realidad, empuñar un fusil y salir a matar. Historias de futbol y guerra, historias que nunca jamás se debieron vivir....  

“La guerra es una masacre entre gentes que no se conocen, para provecho de gentes que, sí se conocen pero que no se masacran, y que ni siquiera entran en combate”, Paul Valéry.

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