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Opinión

Ignacio Suárez

El Fantasma ha recorrido el mundo del deporte a través de 6 Mundiales, 10 Copas América y 5 JO. Aportará a RÉCORD su conocimiento y exclusivas.

El futbolista que se convirtió en sacerdote

2021-03-31 | Ignacio Suárez
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La historia que relataré este día significa para mí, un preciado trofeo. Debo confesar que desde hace algunos años que la conocí me atrapó, traté de buscar la forma de hacer contacto y así poder hablar de forma personal con el protagonista, pero por una causa u otra no podía llegar a él, hasta que finalmente un colega irlandés me ayudó a lograrlo hace unos meses. 

La niñez de Philip Mulryne, no fue una vida normal. Su hermana Annette y él conocieron lo que eran los sobresaltos y el peligro desde muy pequeños. Él como miles y miles en Belfast, Irlanda del Norte, vivieron atrapados en un conflicto de guerrillas urbanas que provocó miles de muertes durante las últimas décadas del siglo XX. Fue la época de la lucha de los entes paramilitares republicanos como el Ejército Republicano Irlandés Provisional (IRA) y el Ejército Irlandés de Liberación Nacional (INLA), las fuerzas de seguridad estatales británicas: el Ejército Británico y el Royal Ulster Constabulary (RUC). 

SOÑAR ENTRE ATENTADOS 

Atentados, bombas, ataques indiscriminados y asesinatos se volvieron cosa común en la ciudad de Philip, quizá ese entorno tan violento hizo a su familia más creyente y más religiosa; había que rezar para sobrevivir. Pero a pesar del peligro latente este jovencito se daba tiempo para soñar; ¡Quería ser futbolista profesional!  

Y aunque él prefiere evitar hablar de sí mismo y sus condiciones futbolísticas, estas debieron ser notables, tanto que un visor del Manchester United, que lo vio jugar en aquellos barrios del norte de Belfast, buscó a sus padres para que le dieran permiso de probar fortuna en las fuerzas inferiores del histórico equipo inglés. La primera vez, sus padres NO aceptaron que Philip viajara, tenía apenas 13 años, pero un año después les volvieron a insistir y no pudieron negarse, a final de cuentas era el sueño de su hijo y vivir en Manchester era muchísimo menos peligroso que deambular en las calles de Belfast.  

Su genética parecía ser un hándicap en contra. Era de los de estatura más baja aún en su categoría, sería un jugador de baja estatura en un futbol inglés, donde el juego aéreo predominaba. Pero era muy habilidoso y tenía un gran disparo de media distancia, jugaba lo mismo de extremo que de volante, lo mismo de enganche que por un costado. Le gustaba tener la pelota.  

EXCESO DE FIGURAS 

Sus progresos fueron evidentes, tanto que a los 17 años firmó su primer contrato como jugador profesional con el Manchester United, y dos años después, a los 19, ya entrenaba con el primer equipo de Alex Ferguson. Fue un sueño compartir vestidor con los que mucho tiempo fueron sus héroes, ahí estaban nada menos que el gran arquero danés Peter Schmeichel, Gary Neville, el central holandés Jaap Stam, Paul Scholes, Roy Keane, David Beckham, Teddy Sheringham, entre otras figuras. 

Todavía ni siquiera debutaba con los llamados Diablos Rojos, pero Philip Mulryne ya era un jugador convocado de manera frecuente con la selección mayor de Irlanda del Norte, con la que se presentó en 1997 enfrentando a Bélgica. Tres meses después, ante el Ipswich, Ferguson lo debutó. NO fue una buena tarde para el Manchester United, que perdió ese juego dos por cero. 

Después de su debut, el irlandés tuvo en el último juego de la temporada de la Liga Premier la oportunidad de ser titular, la noche previa a enfrentar al Barnsley, Sir Alex Ferguson le habría dicho: “Llegó tu hora, prepárate para disfrutar el juego, arrancarás de titular”.

No lo hizo mal, pero en un equipo con la calidad de los David Beckham, Nicky Butt, Paul Scholes, Andy Cole y Ole Gunnar Solskjaer, las oportunidades de ganarse un lugar en la plantilla titular fueron mínimas. Así que al año siguiente, y en búsqueda de minutos porque quería mostrarse con su selección es que Philip acepta la oferta del Norwich City, que paga medio millón de libras esterlinas por su pase.  

LANA, FAMA Y DAMA 

Su presentación en el Norwich fue espectacular, anotó un señor golazo de tiro libre. Se consolido como titular indiscutible y figura del equipo hasta que en un juego contra el Blackburn Rovers una barrida de Christian Dailly le produjo la rotura de ligamentos, que lo marginó casi toda la campaña. De que tenía clase, la tenía, basta ver alguno de sus videos en YouTube.

 

 

Con este equipo Philip fue figura, llegaron a una Final que perdió en penales ante el Birmingham City. Dos años después, se coronan y logran el ascenso a la Premier League en el 2004. Eran los años maravillosos para él, pues tenía lana, fama y dama, como dicen en mi pueblo. Su romance con la espectacular modelo Nicola Champan provocó la envidia de muchos de sus compañeros. 

Los excesos aparecieron en agosto del 2005, Lawrie Sánchez, quien era el técnico de la Selección de Irlanda del Norte expulsó de manera definitiva a Philip Mulryne por violaciones al código de disciplina. El jugador, junto a otros, se escapó de la concentración para ir a un bar. Antes de la suspensión, Philip había sumado ya 27 partidos como titular con la representación de su país.  

Con apenas 27 años, a partir de ese momento vino ahí la cuesta abajo y empezó a deambular en varios equipos: Carrow Road, Cardiff, Leyton Orient y se probó sin suerte en el Bournemouth, el St. Mirren de Escocia y Kings Lynn FC, donde aceptó jugar sin contrato. Su carrera como futbolista había tocado fondo, y su economía también estaba en la bancarrota.  

LAS SEÑALES 

Llegó entonces el momento de volver a casa, a su país, a su ciudad: Belfast. Ahí junto a su hermana Annete y su esposo, encontró las señales que estaba buscando. En primera instancia se dedicó apoyar al centro de ayuda para alcohólicos e indigentes que dirigía su hermana, y ahí entre el abandono y la desdicha encontró su destino. "En el futbol evidentemente me equivoqué, tomé algunas malas decisiones fuera del terreno de juego. Siempre lo he dicho, cuando otros colegas tuyos me han preguntado y ahora lo repito porque es muy importante: cuando somos infelices, buscamos la felicidad en cosas que al final nos hacen sentir peor”.

 

 

"El tiempo que estuve trabajando ayudando a alcohólicos y en un centro para personas sin hogar, cambió mi vida. Reconocí en estos hombres rotos a personas que tenían una dignidad tremenda. Me mostraron el egoísmo que existía en mí como futbolista y me llevaron a darme cuenta de que cuanto más nos entregamos a los demás, somos verdaderamente más humanos, y recibimos más cuando damos nuestro tiempo en la ayuda a los demás. Ver a Jesús en estos hombres, eso es lo que me enseñaron y lo que me cambió". 

Justo ahí decidió ser un sacerdote, dedicarse en cuerpo y alma para ayudar a los demás, pero también estaba seguro de que tenía que prepararse de la mejor manera posible. Primero en el 2009, con solo 31 años de edad, ingresa al seminario en Belfast, convencido por un obispo amigo suyo, al mismo tiempo, empezó estudios universitarios de filosofía para luego trasladarse a Roma, en Italia, para estudiar Teología.  

En el 2012 entró como novicio en la orden de los dominicos e ingresó en el monasterio de San Salvador en Dublín. Finalmente, en julio de 2017, fue ordenado sacerdote en este monasterio por el arzobispo de Oregón City (EU), Joseph Augustine Di Noia. Solo dos días después, oficiaba su primera misa en la iglesia de San Oliver Plunkett, en su Belfast natal, en donde sigue ejerciendo. 

 

 

REFLEXIONES 

Con el pasar de los años el hoy 'Padre Philip', como muchos le llaman, hace recuento de sus vivencias, no niega que la vida de futbolista le dio mucho placer, pero que esos sentimientos fueron fugaces y efímeros, que no se pueden comparar a la felicidad permanente que le provoca el servir a Dios de tiempo completo. Son felicidades distintas, incomparables por la plenitud con la que vive ahora.  

Sobre los excesos del futbol actual y sus figuras, el padre Philip fue claro: "Para nadie es un secreto que lo comercial está superando a lo deportivo, se ha creado una especie de culto a la celebridad alrededor de los jugadores. Lo he dicho antes, lo sostengo y lo repito en cada entrevista; el futbol puede convertirse en una religión que puede llevarse al extremo. Creo que un jugador que tiene fe puede estar más equilibrado y no caer tan fácilmente en la ilusión de pensar que es mejor que el resto de las personas. ¿Qué debería cambiarse? Pienso que cuando los clubes y jugadores de futbol pierden contacto con los seguidores y los jóvenes se crea una clase elitista. Creo que el trabajo de caridad debe ser obligatorio y en proyectos para los futbolistas para mantenerlos en contacto con las bases y ayudarles a ver que Dios no solo les ha dado este talento para sí mismos sino también para otros"

"De hecho mi vida como dominico es similar a la que tuve de futbolista, solo perseguimos fines diferentes. En el futbol buscaba títulos, trofeos, mientras que hoy como dominico busco a Dios. De hecho, él es un ente superior que de alguna manera hace las funciones de un entrenador para buscar los mejores resultados, pero no solo para un equipo, sino para nuestra vida y la de los demás. Si el mundo acudiera más a ese 'entrenador' que nos cuida y nos aconseja, nuestro mundo sería muy diferente, más justo, más feliz”.

No sé qué religión profese usted apreciable lector, cualquiera que esta sea es respetable. De lo que estoy seguro es que sea cual sea el Dios en quien usted crea, todos, sin importar credo, colores, razas o clases sociales, entre todos debemos de buscar la manera de dejar a nuestros hijos un mundo mucho mejor en el cual estamos viviendo. Trabajemos en ello. Mientras eso sucede, que usted y su familia reciban la mejor de las bendiciones en esta semana mayor. 

“No debemos perder la fe en la humanidad que es como el océano: no se ensucia porque algunas de sus gotas estén sucias” Mahatma Gandhi.

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