Cornellá-El Prat, casa del RCD Espanyol

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MARIO VILLAGRÁN

La autopista que lleva del aeropuerto del Prat a Barcelona guarda a un costado de sus carriles la primera sorpresa para el turista, si es que puede hacer otra cosa en la Babel de España, al llegar a la llamada ciudad condal.

Un monumento que, sin aparecer en las constantes referencias y guías de la zona del arquitecto Gu?ell, impacta el ojo y cuestiona la relación del espécimen conocido como ‘forofo’ (fanático absoluto) con el futbol.

Se trata del Estadio Cornellà-El Prat, casa de los apodados Periquitos, y actual hogar del defensa mexicano Héctor Moreno.

Un templo que, inaugurado el 2 de agosto de 2009, en un partido contra el Liverpool, se ha convertido en uno de los referentes a seguir en materia de estadios en el mundo al lograr combinar el respeto absoluto al medio ambiente con una modernidad que deja cualquier otra casa del balón atrás… muy atrás.

Ganador del premio Stadium Business Award 2010, dejando en la competencia al Cowboys Stadium y a la O2 Arena, fue premiado debido a su estructura y a las innovaciones energéticas con las que fue contruido (utilizando páneles solares y placas fotovoltaicas), lo cual le valió obtener la categoría 4 de la UEFA para estadios; la máxima distinción que el organismo otorga a un inmueble del balompié europeo. Una serie de referencias que obliga a su visita, tanto a culés, merengues, leones o cualquier denominación que aparezca en la camiseta del viajero.

¿El único ‘pero’? sencillo… "Quien quiera azul celeste…”, y es que para llegar a la casa del Espanyol, alejada del centro de Barcelona, hay que tomar la decisión de dejar la comodidad de ‘turista’ para realizar un viaje de, aproximadamente, 40 minutos desde el centro de la ciudad.

Las opciones para llegar son variadas, ya que desde el metro hasta las líneas de ferrocarril, invitan a acercarse a un estadio en el que el valor, más allá de encontrarse con la significativa historia de su icono, el futbolista Dani Jarque, o de un par de tapas acompañadas de una ‘caña’ (cerveza) en cualquier bar de los alrededores, es el puro placer de estar y contemplar uno de los templos, la jaula de los periquitos, más modernos del futbol actual.

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